lunes, agosto 23, 2010

EL MENDIGO CHUPAPIJAS EN SOY

Salvaje y vagabundo

En una nueva reescritura de su folletín sado El mendigo chupapijas, esta vez en clave cinematográfica, Pablo Pérez toma la cámara en sus manos y recorre la ciudad con su ojo salvaje, siguiendo la estética que caracterizó la primera impresión de su obra: artesanal, lumpen, independiente, lúdica, sensual, provocadora.


Por Diego Trerotola

En sus principios marginales, El mendigo chupapijas de Pablo Pérez fue un folletín extraño, artesanal, hecho de fotocopias desprolijamente encuadernadas al mejor estilo informal de las primeras ediciones de los ‘90 de Fernanda Laguna y su editorial lumpen Belleza y Felicidad. Las cinco entregas de ese folletín se vendieron embolsadas, como las revistas porno, pero no por una cuestión de pudor en la presentación de la saga sadomasoquista que perpetraba sus páginas sino porque la bolsa también contenía un muñequito o algún otro objeto de cotillón. ¿En esa decisión se jugaba la idea de expandir los límites de la literatura? ¿O era simplemente una broma que un texto con semejante título infame se ofreciese acompañado de un juguete infantil? ¿O eran ambas cosas? Un espíritu lúdico parecía poseer a El mendigo chupapijas y, a diez años del comienzo de su publicación, este folletín no descansa en su intento de jugar con los límites. Incluso se podría decir que ahora esta obra de Pablo Pérez vuelve a empezar, a perpetuar una vez más su distintivo proceso de reescritura.

Raras geometrías del porno

En 1998, Pablo Pérez publicó Un año sin amor, un libro sobre su relación íntima con el sida en el momento en que la enfermedad se iba transformando en algo menos oscuro gracias al cóctel de drogas que proponía una suerte de estabilidad a los que viven con VIH. Ese libro encontraba un género de pertenencia —el diario—, que daba una forma específica a las reflexiones, narraciones, interrupciones personales de Pablo Pérez, y encuadraba en la lógica del calendario la impronta informal de una escritura que abría los umbrales de la incertidumbre: “Sé que me pongo tétrico, y me divierto porque nada es seguro”, escribía en una de las entradas de ese diario. Y esa misma combinación de lo tétrico y lo divertido lo llevará a su máxima expansión a través de El mendigo chupapijas. Porque en principio ese folletín se planteó como libro de estructura más abierta, más incierta, radicalmente cambiante, con una intermitencia muy particular entre oscuridad y humor. La saga es una suma de pequeños discursos inmediatos, contaminados de contemporaneidad, que van del diario íntimo al relato en tercera persona, desde la trascripción de e-mails hasta los diálogos en estado de crudeza puiguiana. A través de esa escritura variable y escurridiza, pero de una síntesis ejemplar, se cuenta la ruta del deseo de un erotómano leather y versátil que se fascina por la figura de un mendigo que conoce en un cine porno. Sus relaciones sadomasoquistas en un principio forman un triángulo sexual, que luego se transforma en un raro triángulo de amor bizarro, pero luego pasan a configurar una geometría monstruosa, como un poliedro porno-romántico de ángulos, lados y vértices difíciles de predecir y determinar. Entre tanta aventura viril de masters y esclavos, entre tantos episodios de resistencia al dolor, al placer y al amor, la saga vagabunda del protagonista lo enfrenta a un final donde asume la propia feminidad, su versión travestida en un homónimo femenino, de modo similar a lo que sucede en la entrada final de Un año sin amor. Sobre el final, Pablo se transforma en Paula, el gusano se transforma en mariposa, y ese devenir mujer marca el pulso queer del relato: si se sospechaba que la lógica narrativa podía estar subordinada a la mera ilustración de la identidad leather, el libro trasciende esos límites viriles para perpetrar un gesto de mariposón, de loca, que pone en crisis a la identidad como algo estanco, como una pose uniformada. Pero esta forma de la escritura como herramienta para despegarse de las rigideces de la identidad está en la base de la propuesta de El mendigo chupapijas, que avanza para poner en juego los rostros posibles de una literatura en crisis permanente.

Calles calientes

Al comienzo de Discusión, uno de los libros de compilación de ensayos de Jorge Luis Borges, se lee la siguiente cita de Alfonso Reyes: “Eso es lo malo de no hacer imprimir las obras, que se va la vida en rehacerlas”. Esa idea sugiere que la impresión de un texto impondría el fin del trabajo sobre una obra. Pero, por el contrario, para Pablo Pérez rehacer una obra puede ser un proceso sin final, un texto no se clausura en su publicación, negando esa tesis borgeana. En 2006, Pérez reescribió El mendigo chupapijas y lo publicó en forma de libro a través de Editorial Mansalva. La reescritura no tuvo que ver con eliminar ciertas provocaciones, aberraciones o algún exabrupto porno para llegar a convertirse en un libro que circulara por librerías sino por la necesidad de perfilar una identidad específica que diferenciara más a El mendigo chupapijas de Un año sin amor. En lugar de buscar una identidad literaria por la similitud de la escritura y la temática de un libro al otro, de construir su personalidad por la continuidad, Pérez eligió la diferencia y lo discontinuo. Como sucedió con El beso de la mujer araña de Manuel Puig, que el mismo escritor sometió a distintos transformismos (de novela a obra teatral, de comedia musical a película), El mendigo chupapijas ahora inicia una nueva reescritura: se convirtió en un guión y una película, que iluminan nuevas dimensiones de la obra. No se trata de la primera transformación cinematográfica: Pablo Pérez fue co-guionista de Un año sin amor, la película dirigida por Anahí Berneri sobre su otro libro, donde se filtraron algunos episodios y personajes de El mendigo chupapijas. Ahora, en este nuevo proyecto, Pérez está filmando desde una independencia lumpen, volviendo al modelo de producción de su folletín inicial. Su elección cinematográfica se acerca al cineasta experimental Lionel Soukaz, amigo de Pablo Pérez durante su vida en París en décadas pasadas (Soukaz aparece transfigurado en El mendigo chupapijas con el nombre de “Dr. Soukaze”, personaje que introduce a Pablo al mundo de las fiestas sadomasoquistas). Soukaz adquirió notoriedad con un folletín cinematográfico producido en los ‘70 llamado Race d’Ep, un ensayo histórico de la homosexualidad a través de cuatro cortos que luego formaron un extraño largo misceláneo. Race d’Ep fue prohibida por la censura gala, pero fue defendido por Foucault, Deleuze, De Beauvoir, Duras y otras celebridades francesas. Desde ese momento, Soukaz es la principal voz libertaria por una desregulación de las representaciones de diversidad sexual en el cine (una retrospectiva de Soukaz se vio en Buenos Aires en el Bafici 2007). Pérez fue incentivado por Soukaz para realizar su película con la lógica de inmediatez y la independencia, sin trabas técnicas, ni institucionales, filmada como un serial sadomasoquista con una cámara en video y un equipo reducido de colaboradores. Así, la nueva forma de El mendigo chupapijas es la del modernismo cinematográfico urbano más radical, ese que embiste la ciudad con su cámara para establecer un nuevo recorrido sensual por las calles, para liberar al espacio urbano de sus restricciones y agitar definitivamente el ojo salvaje, para cambiar la visión que tenemos de los lugares, del cine y de nosotrxs mismxs. Como enfrentó a los cánones literarios con su folletín, Pérez se propone hacer del cine una experiencia transformadora, una reescritura que haga tambalear nuevamente las ficciones petrificadas de la identidad.

http://www.pagina12.com.ar/diario/suplementos/soy/1-287-2008-08-31.html



El mendigo chupapijas

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EL MENDIGO CHUPAPIJAS
publicada por editorial MANSALVA


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El Salvador 4199
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8Muchas de las veces que voy al cine Box, encuentro allí a un hombre que, en la oscuridad, le chupa la pija a cualquiera que se pare frente a él. Siempre agachado con la cabeza a la altura de cualquier bulto, siempre dispuesto a chupar todas las pijas que se le aparezcan. Su garganta no tiene fondo. Cada vez que me la chupa, siento calor y humedad, sus labios en la base de mi pija, la lengua que se relame en el agujero infinito de su boca. Se la traga toda obedientemente, con una voracidad inigualable, sin morder y con mucha pasión. Parece disfrutar como un perro comiéndose el mejor cuarto kilo de carne de su vida o protegiendo con celo un hueso entre sus peligrosos colmillos. Insulta a gritos al que lo moleste y es capaz de morder al que se atreva a interrumpir su chupada ritual. Sí se lo puede interrumpir para ofrecerle otra pija, de mayor o menor tamaño, eso a él no le importa. Las pijas más pequeñas disfrutarán del aterciopelado calor de esa recámara tibia y las más grandes tendrán, en esa boca tan espaciosa, todas las ventajas para gozar.
Anda siempre con el mismo sobretodo negro, sin afeitarse, tiene el pelo grasiento aunque con un prolijo corte taza. Una vez pude percibir su suciedad al tacto cuando quise acariciarle la cabeza mientras me la chupaba.
El sábado pasado lo vi en el portal de la Iglesia de la Piedad, sentado en la escalera, mendigando. Y sentí la resonancia de una vida anterior. Estaba tan conmocionado al descubrir que ese hombre que tantas veces me había chupado la pija en el cine era un mendigo, que decidí caminar hasta la casa de José, el astrólogo, no muy lejos de ahí, para contarle lo que me había pasado y preguntarle si en mi carta natal podía ver algo relacionado con la presencia de este mendigo en mi vida.






viernes, julio 23, 2010

Foolin, por Devendra Banhart

A favor del matrimonio igualitario, leather, sm..., comparto con ustedes este videito (¡ojo, almas sensibles, contiene escenas sangrientas!)



viernes, junio 04, 2010

La enseña que Belgrano no legó (Bicentenario apócrifo)


En los escritos personales de Manuel Belgrano, hallados recientemente en la ciudad de Rosario, se encuentran referencias a Celestino, un adolescente transexual indio, adoptado por Belgrano y del que hasta hoy se desconocía su existencia. Personaje clave en las relaciones diplomáticas con los grupos indígenas que unirían sus fuerzas a las del Ejército del Norte en 1813, tuvo, además, un rol protagónico en la creación de una bandera argentina que no pudo ser y que sin embargo es.

Celestino, cuyo nombre de niña abipona no figura en estos escritos, tenía 16 años cuando llegó a la ciudad de Rosario en una barca, por el río Paraná. Venía de una larga travesía por la selva, un “viaje iniciático”, dice Belgrano, durante el cual pudo sobrevivir gracias a la hospitalidad de otras tribus de la región. Huía de los suyos y de su trato tan cruel para con las mujeres, sobre todo del ritual que se practicaba con las niñas luego de su primera menstruación, ceremonia a la que hubiera tenido que someterse de no haber escapado. El Dr. Manuel Cracogna describe esta práctica en su libro La Colonia Nacional Pte. Avellaneda y su tiempo:

“Tan pronto como una niña llega a la edad de tomar estado, la obligan a tatuarse según la costumbre. Descansa su cabeza sobre el regazo de una mujer y es alfilereteada [sic] para ser embellecida. En vez de alfileres usan espinas, y en vez de pinturas usan sangre mezclada con cenizas. La operadora va pintando figuras, hundiendo sin piedad las espinas en las delicadas carnes, acompañando su tarea con insultos y burlas a la pobre niña cada vez que hace oír sus lamentos, sin alcanzar a soportar callada ese dolor interminable. El suplicio se repite cuatro o cinco días en que la resignada muchacha queda desfigurada hasta que se curan las numerosas heridas, agravadas, sin duda, por la toxicidad de las espinas.”

Belgrano, conmovido tanto por su fatal destino como por su temperamento alegre y amable, permitió al joven indio vivir junto a él y a su exiguo ejército como un soldado más; fue desde entonces su más fiel ayudante y confidente: “Celestino he decidido que llamaríamos en adelante a este joven en el nombre de Nuestro Señor, de quien siendo nuestra su obra, él es quien la ha de llevar hasta su fin, manifestándonos que toda nuestra gratitud la debemos convertir a su Divina Majestad y de ningún modo a hombre alguno”.

Al poco tiempo de llegar, Celestino, además de ser “un excelente soldado, servicial en todos nuestros menesteres”, demostró una capacidad extraordinaria para el dibujo, “el alma de las artes”, según Belgrano.

Una soleada tarde de 1912 en que Belgrano, Celestino y algunos soldados se recreaban a orillas del río Paraná, mientras el general les hablaba de su intención de crear una bandera nacional celeste y blanca, Celestino descubrió en el cielo un extraordinario arco iris. Sorprendidos, puesto que nunca habían visto tal fenómeno sin que lloviera, atribuyeron el milagro al joven indio, que inició un “emocionado discurso de inspiración divina”: habló de la paz, de los nuevos lazos que debían ser fomentados con los diferentes pueblos originarios por ser ellos también justos dueños de la tierra, de recuperar la dignidad para las mujeres y el respeto por la diversidad de sexos, que él mismo había conocido entre las personas que le habían dado hospitalidad durante su viaje. Era necesario que en la bandera estuvieran representados todos y cada uno de los seres que habitaban aquellas abundantes tierras, dijo Celestino. Por eso, entre las dos franjas celestes, en lugar del color blanco, el estandarte debía llevar los colores del arco iris.

Fue así que Belgrano confió a Celestino el diseño de nuestra insignia, enarbolada por primera vez a orillas del río Paraná el 27 de febrero de 1812. Pero, ¿cómo entenderían en Buenos Aires aquel milagro atribuido al joven indio y la consiguiente inclusión de tan estridentes colores en una bandera nacional? El Triunvirato reaccionó alarmado: dada la situación militar, era aconsejable declarar una vez más la soberanía del rey de España, de modo que Rivadavia le ordenó destruir la bandera. Sin embargo, Belgrano la conservó con la esperanza de poder vencer algún día la reticencia del Triunvirato.

Celestino murió en 1813, combatiendo en la batalla de Vilcapugio. En noviembre de ese mismo año, la bandera multicolor ideada por él sería rechazada nuevamente.

Belgrano, en sus memorias, le escribe unas palabras de despedida. “Caro Celestino, una vez más han despreciado el tan bello símbolo patrio que tras aquel milagro vislumbraste a orillas del río Paraná. Será nuestro consuelo que es el blanco la síntesis de los siete colores del arco iris, que en ella estarán siempre. Quiera la Patria que algún día quienes contemplan la enseña albiceleste, vuelvan a ver en ella los espléndidos colores de la diversidad.”

Sucundum sucundum

Lo sé por experiencia: la palabra “pija” en la tapa de un libro obnubila a algunos lectores; y si en el primer capítulo hay sexo explícito, mucho más: algunos dejarán de leerlo con el argumento de que se trata de pura pornografía, como si el sexo o la pija no merecieran un lugar destacado en la literatura; otros, en cambio, avanzarán con la lectura ávidos de momentos calientes y tal vez se sentirán decepcionados cuando descubran que no se trata sólo de correrías sexuales. Mar de pijas es la primera novela de Alejandro Quesada, marplatense nacido en 1974, guionista de televisión. Su narrador es ELDELOSRULOS AMARILLOS, que tras la muerte de la “abuelagorda” que lo crió y con quien vivían juntos, entra al chat, se morbosea, coge y se pajea en todos los rincones de la casa paterna donde quedó viviendo solo: “Por primera vez salgo moviéndola por la casa. Está bien parada. Señala todo: a la muñeca y a sus caniches de porcelana, al gato, a los portarretratos con las fotos de la familia. [...] Si ella sólo hubiera salido a hacer los mandados, yo no me atrevería a tanto”. ELDELOSRULOS... trabaja de mozo en el Cristóbal, donde no gana mucho: la diferencia la hace cogiéndose a pescadores en el puerto. Vive alzado, conoce por la pija a todos sus amigos surfers, y la lista de partenaires sexuales crece día a día: ELDELAMANCHA, ELMUSCULOSOTATUADODELASTILLERO, ELFLACODELINTERIOR, ELTUERTODELPUERTO.

Como contrapunto al desenfreno sexual, MDP nos muestra también una serie de postales de Mar del Plata, tristes, grises, ventosas: en esta novela rara vez brilla el sol. El protagonista vive una racha de pérdidas: además de la muerte de la abuela, su tabla de surf se parte al medio durante una maniobra en la que casi se ahoga, más tarde le roban la bicicleta que dejó en la calle sin candado mientras cogía con un amigo.

Se enamora de él LADELOSRULOSCOLORADOS, que sin demasiadas chances intenta conquistarlo. Ella se levantaba todas las mañanas a las cinco para ir a trabajar a la fábrica del puerto como filetera, hasta que enfermó: “Al principio no quería usar el barbijo, pero la obligaron cuando su tos se volvió constante. Debajo del delantal blanco se abrigaba amontonando poleras de todos los colores; sin embargo, el frío le penetró los pulmones”.

El hilo conductor hace honor al título: las pijas son catalogadas a lo largo de toda la novela desde una perspectiva marítima: plancton, cornalito, nudo marinero y marea roja, entre otras; y los capítulos lo refuerzan parodiando títulos de la literatura universal: “Don Pijote de la Mancha”, “En busca del miembro perdido” o “San Manoteador Gaviota”. Este último recurso es tal vez el menos logrado de la novela, por distanciarnos e interrumpir el sueño vívido en que nos sumerge por momentos MDP, una historia bien escrita, auténtica, contada con sensibilidad, donde coinciden y se enriquecen el erotismo y el dolor, el prosaísmo y la poesía.

martes, marzo 30, 2010

Ciudad Luz, por Pablo Pérez


Lo primero que hace José Cuneo cuando entra a una casa es mirar por la ventana en busca de un nuevo paisaje, y siempre dirá que le encanta, aunque no sean más que unos techos sin interés. De ese optimismo y de otras experiencias parisinas saca la luz que luego pone en sus cajas luminosas, que actualmente se presentan en galerías de Francia, Holanda y Suiza.






Todavía quedaban algunos años del gobierno socialista de François Mitterrand, durante el cual, entre otros logros, se había despenalizado la homosexualidad. La cantidad de locales con la bandera gay a la vista crecía a diario: sex-clubs, cuartos oscuros y bares leather, lugares donde se vivía una libertad sexual que por aquella época en Buenos Aires apenas se podía intuir en el famoso “Túnel del Amor” de Bunker. En los bares del Marais, el barrio gay, era frecuente que un desconocido te invitara una copa sólo para conversar y que a la conversación se sumaran otros desconocidos que a su vez invitaban otra ronda. Noches de borrachera. Todavía flotaban en el ambiente los fantasmas de Barthes, Foucault, Guy Hocquenghem, Copi y otros intelectuales que la muerte se había llevado (ya sea por el sida o por otras visitas inoportunas), aunque seguían ejerciendo su influencia en la lucha por los derechos de la comunidad homosexual y en las páginas de la mítica revista semanal Gai Pied, donde Cuneo retrataría tan bien los destellos y sombras de aquella París bohemia.

Cuneo tenía 20 años cuando comenzó su viaje. Su primer destino era la Feria del Libro Infantil de Bolonia. En Buenos Aires había trabajado para la revista Anteojito e ilustrado varios libros infantiles de Marta Mercader. Después de recorrer varias ciudades europeas llegó a París en 1986, y muy pronto empezó a trabajar para la revista Pif, una especie de Anteojito en versión francesa y comunista, que dejó de existir tras la caída del Muro de Berlín.

Al poco tiempo, Cuneo ya dibujaba historietas para adultos en revistas como L’Echo de Savanes y Metal Hurlant, y tuvo un encuentro decisivo: “Yo ya había dejado de hacer cosas para chicos –cuenta– y me encontré con Alejandro Jodorowsky; él escribía los guiones para Moebius en Metal Hurlant y había visto mis historietas; fue él quien me convenció de abordar la temática gay, y fue gracias a él que hice mi outing en el comic.”







Copi había muerto en diciembre de 1987 y en la revista Gai Pied seguían llorando su pérdida y buscaban sucesor para sus páginas. Lo encontraron en Cuneo, que mostraba con un humor desopilante el ambiente gay parisino: los dark-rooms, personajes vestidos de cuero, tertulias de locas en los bares, saunas, playas nudistas, yiro en la vía pública, sex-shops y sida: “El sida era algo cotidiano, en la revista todos los meses se moría uno, y por entonces en las campañas de prevención era imposible hablar de preservativos porque te acusaban de proselitismo, de fomentar el sexo por el sexo. Pude hacer la primera campaña de prevención del sida en el ’94; habíamos hecho pruebas en el ’90 y ’91 y no pasaron porque en el Ministerio de Salud no las aceptaban”.

Todos aquellos dibujos se inspiraban en las salidas nocturnas de Cuneo. “Un tema muy apasionante, que además me obligaba a salir todo el tiempo a buscar material. Me decían: ‘¡Otra vez estás yirando!’. Y yo les contestaba: ‘¡Estoy trabajando, estoy trabajando!’. Así que me pasaba hasta altas horas de la noche ‘trabajando’. El fruto de todos esos años de ronda nocturna, sexo desbordante y alcohol salió publicado en un volumen de historietas, Y’a plus d’hommes.”

En octubre de 1992, una noticia conmocionó a los gays de toda Francia: el cierre de Gai Pied, que ya no daba ganancias y se sostenía apenas gracias al minitel, versión francesa del chat anterior a Internet. A los pocos meses apareció una nueva propuesta, la revista Têtu, una especie de Para Ti gay que parecía pensada para poder ser leída en la oficina o en el metro sin que nadie se enterara de las preferencias sexuales de su portador. Las historietas de Cuneo no encontraron su lugar ahí: “No tanto porque lo que yo hacía tuviera sexo explícito, o fuera zarpado, sino porque era humor, era sátira, y la sátira es muy difícil hoy en día en las revistas de glamour, porque justamente convertís el glamour en motivo de risa, tomás distancia de eso y te reís de vos mismo; no era ésa la política editorial de Têtu”. No obstante, Cuneo siguió dibujando historietas, algunas de las cuales logró publicar durante los tres meses de existencia del primer intento del diario Perfil en 1998, y luego todas juntas en un nuevo libro, Le mariage de Roberto (París, 1999): la intimidad de una pareja gay viviendo en París, una loca argentina y su chongo italiano y futbolero, vista a través de los ojos de su perro al que mandan al psicoanalista.



Después de muchos años de haber publicado historietas, Cuneo sintió la necesidad de un cambio: “El tema es que estaba saliendo mucho, la noche y el exceso de alcohol ya no me servían de inspiración, todo lo contrario, no podía hacer nada, no encontraba matices; entonces empecé a trabajar el color y la forma, la materia, la pintura”.

El resultado son sus cajas luminosas, que hasta ahora pudieron verse en algunas galerías de Francia, Holanda y Suiza. Si los temas de las legendarias historietas en blanco y negro de Gai Pied eran el descontrol, el sexo, las borracheras, los anuncios de contactos, en estas cajas tridimensionales y desbordantes de luz y color encontramos paisajes urbanos o bucólicos representados hasta el más mínimo detalle, los canales de Amsterdam transformados en pistas de patinaje sobre hielo, las callecitas de París, donde se pasean Divine y Rosy de Palma, los gays van de la mano y conviven en armonía con las señoras que vuelven de hacer las compras, los niños jugando y gatos paseando por los tejados. Cada caja es un pequeño mundo ideal, donde cada personaje vive su presente y detrás de cada ventanita podemos espiar una historia. Hasta que podamos tener las cajas en la Argentina, entren a la página de Cuneo, busquen los videítos de las cajas en YouTube y disfruten.

http://www.josecuneo.com/

www.youtube.com/user/robertocuneo



Nota publicada en el suplemento Soy, de Página 12




sábado, enero 23, 2010

Fiebre en la prisión

Siempre hay una primera vez para todo. Recuerdo, por ejemplo, que mi primera relación homosexual la tuve en una cárcel de menores, el Instituto Agote, con quien fuera por aquel momento el director, un novio de mi mamá. Supongo que debe ser una habilidad aprendida con los años, la de poder detectar la homosexualidad en un adolescente asexuado, la de encontrar el momento propicio para hacer una primera insinuación.

R.S. supo aprovechar una buena oportunidad para tener un encuentro a solas conmigo. Yo tenía que sacar la cédula de identidad y él se ofreció a llevarme al Departamento Central de Policía en la calle Moreno, donde tenía un amigo comisario que nos realizaría el trámite sin necesidad de pasar por las tediosas colas que normalmente éste requería.

R.S. pasó a buscarme por mi casa en auto, un Fiat 600 rojo. Fuimos a hacer el trámite de la cédula de identidad, que nos llevaría menos de una hora. Subimos a la oficina de su amigo, que nos acompañó en el recorrido: sacarme la foto, imprimir las huellas digitales en un cartón y llenar un formulario. Una vez que salimos del Departamento de Policía, R.S. y yo subimos nuevamente al auto y él empezó a conducir por diferentes barrios de la ciudad sin rumbo fijo. Caía una suave llovizna. En silencio, R.S., al volante, encendía de vez en cuando los limpiaparabrisas y yo miraba, ensoñado a través de los vidrios salpicados de gotitas, los reflejos violáceos del atardecer sobre el asfalto húmedo. De pronto él sacó de la guantera una revista pornográfica que enseguida tuve entre mis manos mientras él me señalaba una foto en la doble página central, una orgía entre hombres y mujeres, en la que se veía a un hombre cogiéndose a otro. “¿Ves a éste, cómo se coge al amigo?”, me dijo. No necesitó mostrarme muchas más fotos para convencerme de que las relaciones sexuales entre hombres eran algo normal. Mi fantasía ante la apertura sexual que me proponía R. era —y por entonces yo ignoraba que ésta fuera una fantasía común a muchos y un género aparte de películas pornográficas— la de tener relaciones sexuales con los chicos presos en el Instituto Correccional de Menores. Me los imaginaba morochos, musculosos, muertos de calentura en las celdas, cogiéndose entre ellos.

Además del guardia que nos abrió la puerta del correccional, en el lugar parecía no haber nadie. R.S. me llevó a una oficina que según deduje era la de los guardias, porque tras ella seguía, del otro lado de las rejas, un pabellón oscuro en el que yo supuse que estarían las celdas. R.S. estaba vestido de traje y corbata. El, de espaldas a la ventana sentado al escritorio; y yo, en una silla, del otro lado, sentado frente a él, tuvimos una conversación que muy pronto pasó del tema de las notas en el colegio al tema de las chicas. Me preguntó si ya había debutado y le conté mi experiencia con una prostituta en la Isla Maciel, la primera y única relación sexual que yo había tenido hasta el momento. R.S. se levantó de la silla y se acercó a mí. Yo también me levanté. R.S. me abrazó y me dio un beso de lengua, el primer beso de lengua de mi vida. Cuando sentí su lengua dentro de mi boca, me fui en seco, fue una eyaculación de varios segundos que me corría por la pierna y me traspasaba el pantalón Adidas de lycra azul con tres rayas blancas a los costados. Más tarde sentiría que aquella primera relación con un hombre, en la cárcel de menores, había sido en cierto modo ilegítima, puesto que yo no era ni carcelero, ni recluso.

Decía que siempre hay una primera vez para todo y, a pesar de tener ya más de treinta años y a cuestas una vida sexual desenfrenada, viví, hace unos meses, una experiencia nueva. Estaba en la vernissage de una muestra colectiva en la galería Belleza y Felicidad. Sergio de Loof mostraba una colección de postales de su reciente viaje por París, Roma y Florencia. Las obras de Gumier Mayer desplegaban y extendían sus arabescos brazos multicolores para alcanzar la belleza. Por último me llamó la atención la obra de Marcelo Pombo, Fiebre en la prisión: un collage sobre la caja de un video porno llamado así; y antes de seguir debo confesar que, un año atrás, después de haber visto la muestra anterior de Pombo, víctima del erotismo que emanaban aquellos dibujos, tuve durante varios meses fantasías sexuales con él. Con Fiebre en la prisión también me excité, pero esta vez pude acercarme a Marcelo para compartir aquel estado en el que me había puesto su obra. “Esperame un segundo”, me dijo, y al rato llegó con un videocasete. “Esta es la película, te la presto. Mirá que es una obra de arte, por favor, cuidala.” “Por supuesto”, le contesté y, ahora que lo pienso, fui un privilegiado, porque si la película formaba parte de aquella obra de Pombo, yo fui uno de los pocos que pudo ver la obra en su totalidad. Pero en aquel momento lo que más me importaba era que por primera vez en mi vida me sentaba a ver una película porno, solo, en mi casa.

Mi cuerpo ardía, sentado en el sillón, a dos metros del televisor, viendo cómo un guardia se cogía a un preso latino. El guardia era un negro alto, corpulento, dientudo, muy feo de cara. Tenía una pija enorme que nunca llegó a parársele del todo y que —tal vez por un mal ajuste de color en mi televisor—, embutida en el preservativo, se veía de un color amarillo verdoso, para nada excitante. Sin embargo, la película me recordaba a aquella experiencia con R.S. en la cárcel de menores y me excité tanto que tuve que salir a buscar sexo a la calle, desesperado.

Al poco tiempo, mientras preparaba el bolso para ir al entrenamiento de capoeira, arte marcial brasileño que practicaba desde hacía algunos años, Marcelo me llamó por teléfono para ver si podía devolverle la película. Quedamos en que pasaría por su casa antes del entrenamiento, y con el apuro me olvidé de poner en el bolso un slip, fundamental para evitar el bamboleo bajo el pantalón de lycra blanco ceñido en la cintura, obligatorio para el entrenamiento.

El efecto que me había causado Fiebre en la prisión, las veces que la había visto, se apoderaba de mí nuevamente. De camino a lo de Marcelo me repetía mentalmente algunas frases para introducir en la charla y también las posibles respuestas de Marcelo. Imaginé tantas líneas de diálogo como un ajedrecista razona el posible desencadenamiento de su jugada. Las fantasías sexuales con Pombo se multiplicaban mientras pensaba en las distintas variantes de la conversación.

“Cuando salga de acá tengo que ir a capoeira, pero me olvidé el slip. ¿No podrías prestarme uno tuyo?”, fue una las primeras frases que se me habían ocurrido. Después pensé en una más elaborada y menos directa: “Cuando salga de acá tengo que ir a capoeira, pero me olvidé de poner un slip en el bolso y no hago a tiempo a pasar por casa a buscarlo. ¿Podrás prestarme cinco pesos para que me compre uno?”. Concluí que esta última era la más civilizada y que dependería de la respuesta de Marcelo si mi fantasía de tener un slip suyo se concretaba o no.

Aquella tarde, Marcelo me esperaba con té y tarta de frutillas. Por las ventanas del salón, tan en lo alto que sólo permitían ver el cielo, entraban los rayos del atardecer, de una hermosura que me apaciguaba. Sentados a la mesa parecíamos dos monjes conversando en un refectorio. Decidí entonces no ir nada al entrenamiento y quedarme hablando con Marcelo Pombo el tiempo que durara la conversación.

viernes, enero 08, 2010

Periodismo de anticipación

Terremoto orgiástico sacude a la TV argentina

Tinelli se la veía venir, por eso decidió, tarde, travestir su previsible show televisivo en Morfándosela por un sueño donde, en un intento desesperado por evitar el descenso al hoyo negro del olvido, nos muestra una lavada diversidad de utilería. Demasiado tarde. Porque desde su episodio cero, la comedia de enredos gay Amores, amantes y amoríos se impone en el rating y ya es considerada un hito en la historia de la televisión argentina: primero por ser el primer programa de ficción local, cuyos protagonistas son gays y lesbianas; segundo porque es también el primer programa de ficción de la televisión pública que lleva cuatro semanas consecutivas al tope del rating en el prime time.
Inimaginable hace apenas unos meses, el fenómeno puede entenderse como el resultado de una serie de eventos que parecían no tener conexión hasta ahora, cuando confluyen en este gran éxito la recuperación de las transmisiones de fútbol para la televisión pública y, en consecuencia, la importante facturación que las autoridades del canal decidieron destinar en gran parte a la producción de programas de ficción; las recientes leyes que permitieron abolir las diferencias de género que impedían el matrimonio gay y el inesperado efecto rebote que tuvo sobre las parejas más jóvenes de todos los sexos, en su mayoría en contra de la institución matrimonial y a favor de la poligamia y, sobre todo, el fenómeno del fenómeno: la última visita de Ricardo Fort al Dalai Lama, un viaje durante el cual el millonario dice haber tenido una visión: “El futuro es gay”, dijo a Susana Giménez tras su regreso el joven empresario, productor de Amores, amantes y amoríos, durante el tan esperado tête a tête con la diva que, como era de esperar, incendió también las mediciones de teleaudiencia.
Amores, amantes y amoríos, el fenómeno sin parangón que deja al país con la boca y el culo abiertos, tiene por protagonistas a los hermanos Lux, que forman el dúo baladista Fanfarria: Adán (Juan Pablo Malvasio, más conocido como Electrochongo) es un simpático y sensual osito fisicoculturista que se muestra durante el noventa por ciento de las escenas en slip y tiene una gran corte de admiradores y amantes (como escribió Paul Verlaine en su poema "Mille et tre": “incontables amantes, nunca son demasiados”), y su hermana Eva (Dalia Rosetti en su debut como cantante y actriz), cuyo mayor atractivo, además de su extraña belleza, es y será por muchos capítulos uno de los misterios que se revelará hacia el final de la temporada. Desde el primer capítulo vive acompañada por su harem, cinco jóvenes aborígenes de la Amazonia colombiana a las que conoció durante un viaje iniciático; pudimos verlo en el primer episodio, en el que no faltaron las alucinaciones ni los peligros: insectos gigantes de picaduras mortales, caníbales, además de la maravillosa selva.
El cóctel cautivó a la teleaudiencia, que cada vez más vertiginosamente se identifica con los ideales del libre albedrío: las escenas de sexo de altísimo voltaje, los diálogos brillantes y los gags, de una calidad que supera en materia televisiva a todo lo que hemos visto hasta hoy. Con tanto glttb, homosexual, camionera, puto, trola, pervertido y sodomita suelt@, el abanico de recursos humorísticos no tiene fin: desde los artilugios de algunos de los amiguitos de Adán, para usar los maquillajes y vestidos de Eva, hasta los celos entre las chicas del harén, que desatan peleas con patadas, mordiscones y agarradas de los pelos, como en los mejores momentos de los populares Urdapilleta y Tortonese en el Palacio de la Risa. Y no nos olvidemos de las hermosas canciones, como Te siento, lo siento por mí, que sin dudas estará pronto al tope en todos los rankings.

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Sobre Reminiscencia, muestra de Raúl Escari

Escari Monster*

Hace unos días fui a visitar a mi amigo, el escritor y artista conceptual Raúl Escari. Después de fumar un par de porros quiso mostrarme una de las dos obras que conforman Reminiscencia, muestra que ya puede verse en el C. C. Borges (Pabellón Berni): abrió la heladera, donde por lo general no hay más que CocaCola y la cajita del faso, pero que esta vez estaba llena de cuchillos de cocina, algunos de gran tamaño; los dispuso en fila sobre la mesita cuadrada de madera a la que estábamos sentados, todos apuntando hacia mí. Impactado, recordé aquella noche cuando le dije, según él mismo lo cuenta en Dos relatos porteños, que nunca nadie me había chupado tan mal la pija como él. Bajo los efectos paranoicos de la hierba, pensé en el amor no correspondido, muchas veces generador de energías demoníacas que pueden destruir al ser amado, y tuve miedo de que todos aquellos cuchillos, movidos por alguna fuerza sobrenatural al mejor estilo Carrie, se me clavaran en el pecho. Por si acaso, los giré uno por uno en dirección a Escari, que enigmático dijo: “Sí, mejor los guardo. ¡Es muy fuerte!” y los metió en la heladera.
Aliviados los dos, Escari me contó que a la obra, titulada Violencia, le faltaba un detalle: una mancha de pintura roja en la punta de cada cuchillo, y que se trataba de un diálogo con la obra Mancha de Sangre, del artista argentino Ricardo Carreira, un charco de resina de poliéster rojo exhibido por primera vez en 1966, en la muestra colectiva Homenaje a Vietnam.
La otra obra que compone Reminiscencia es un video llamado El fin de la partida, en el que Escari se despide del departamento donde vivió sus últimos años en París, para venir a instalarse definitivamente en Buenos Aires. La muestra se completa con un texto llamado Raúl Escari. Autobiografía XI: Reminiscencia, primorosamente editado por Fernanda Laguna y que ya figura en el catálogo de Belleza y Felicidad. El autor insiste en que debe ser leído antes de la contemplación de sus dos obras.
En la sala contigua, puede verse la muestra del cineasta francés Robinson Savary, donde se presentan dos series de fotografías en blanco y negro: la primera consiste en retratos de los personajes de circo que compuso para su film Bye Bye Blackbird –un enano con aspecto de gigante, un payaso, un jefe indio, una amazona y una trapecista– la segunda, tiene como tema a las travestis de los Bosques de Palermo. Durante la inauguración se produjo un hermoso contraste entre aquellos atemporales retratos y los coloridos atuendos de las diez travestis fotografiadas, que irrumpieron en la muestra encabezadas por Sayuri Tuchía Salazar, una de las modelos y curadora de la exposición. La muestra fue titulada Los raros por sugerencia de Raúl Escari, amigo y vecino de sala de Savary y, sin dudas, el más raro de todos.

* Canción de Súper Siempre (Courtis, Prior, Garamona y Bizzio), dedicada al artista.



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Entrevista a Osvaldo Sabino

La máquina del placer
Osvaldo Sabino nació en Buenos Aires en 1950 y figuró entre los primeros militantes del Frente de Liberación Homosexual, estuvo desaparecido y luego expatriado en Estados Unidos, donde, además de una importante formación académica, desarrolló una obra en la que conviven el camionero que se inicia en el sadomasoquismo, el taxi-boy que se enamora de un cliente, la loca que va con la tía a la ópera y termina encerrada con un negro en el baño de un restaurante y muchos otros personajes ardientes.

Tus cuentos son todos muy festivos y tienen final feliz.
—Es que llegó un momento en que me saturó la literatura queer que mostraba a los gays sufriendo, víctimas, los gays que terminan muertos por el pecado nefando que cometen. Esa no es mi realidad ni la tuya. Vivimos una realidad muy distinta. ¿Te acordás de la obra The boys in the band? Fue una obra pionera de fines de los ’60 en Estados Unidos. Transcurre en una fiesta de locas, el cumpleaños de uno de ellos. Son todos los estereotipos más horribles que te podés imaginar. Se presentó acá en teatro como El extraño clan y cayó la policía la noche del estreno, se armó un quilombo en el Odeón, la censuraron ahí mismo. Ahí Harold, el personaje que cumple años –que tiene la cara picada de viruela, es feo, tiene todas las contras el pobre– en un momento dice: “Muéstrame un homosexual feliz y te mostraré un cadáver sonriente”. Eso me hizo reaccionar, me puse a pensar en las grandes obras, por ejemplo Las amistades particulares de Roger Peyrefitte, donde el chiquito se suicida, o en Fabrizio Lupo de Carlo Coccioli: después de tragarte una novela larguísima, al personaje lo atropella un camión. Los homosexuales nunca pueden ser felices. Yo vivo bien, estoy cómodo con mi vida. Y me dan miedo los finales tristes, por eso escribo finales felices. Entonces me digo: “¿Qué hago con todo esto?”. Por ejemplo, en el cuento del chico, un menor de edad, con el cura. Yo me revolqué con un cura de pendejo y no tengo ninguna culpa por eso, ni voy a decir que él me violó, los chicos son diabólicos también, mucho cuidado con eso, yo sé que al cura lo provocaba yo, sería muy putito, no sé. El chico del cuento lo provoca al cura, le cuenta sus sueños, le cuenta todo y lo disfruta, y el cura también, tiene un arte tremendo, los dos disfrutan al máximo y el chico queda con un recuerdo maravilloso.

¿El eje en tus cuentos es el disfrute?
—Sí, celebrar dos personas, celebrar dos cuerpos. Cuando salió El juguete erótico, llegué a Madrid y la encontré empapelada con carteles de publicidad del libro de donde tomaron una frase que pongo ahí: “El órgano más erótico del ser humano es la imaginación”. Cuando me preguntan cómo hacés para escribir literatura erótica, digo: “No me toco hasta que no termino el cuento”.

¿Por qué?
—Porque si me hago una paja se me corta toda la inspiración. Yo me recalentaba con esas historias, pero no viví ninguna. A veces, sin darte cuenta, escribís la historia de alguien que conocés. Por ejemplo, tengo un libro, que por ahora no está publicado, donde un personaje que decide salir del armario, le dice a la madre: “¡No me entraba, no me podía entrar en la cabeza que yo era gay!”, y la madre le contesta: “Ven, ven, siéntate. Yo soy una mujer grande, sin instrucción, no estoy preparada como tú, que tienes ya un doctorado, has vivido y viajado por todo el mundo. ¿Cómo no pudiste entender que la homosexualidad no es algo que no tiene que entrarte en la cabeza sino en el culo?”. Y todos me dijeron: “¡Eso es imposible!, ¡un delirio!”. Después que lo escribí, me acordé de que era la historia de un amigo y lo llamé para avisarle.

Todos tus cuentos y poemas los publicaste en España. Antes intentaste publicar acá una novela, La historia de las panteras y algunos animales conversos, y no encontraste editor.
—Acá fue rechazada por todos. Me decían que el tema no interesaba. Salió en España y tuvo muy buenas críticas. Es lo que viví estando desaparecido, uno de mis temas más escabrosos, y acá en Argentina no se me considera porque soy puto.

¿Fuiste detenido por tu militancia en el Frente de Liberación Homosexual?
—Fue por la militancia allí, por haber sido periodista, por mis amistades, por el mundo que yo vivía, por ser un intelectual. Yo estaba en la lista negra.

¿Cuáles eran las actividades del FLH?
—En ese momento, estamos hablando del ’70, lo que queríamos era tratar de insertarnos en algún grupo político y empezar a tener participación. Había pasado Stonewall hacía poco, acá no había nada. El FLH fue el primer movimiento gay latinoamericano. Queríamos sacar una revista, buscar políticos que nos apoyaran, que se reconocieran nuestros derechos.

¿Y consiguieron apoyo?
—Era difícil. En el Partido Comunista nos dieron una oficina, donde decía “Prohibida la entrada” y los miembros del partido no podían entrar.

¡Era como encerrar en el placard a los del FLH!
—Claro. Casi todos los del FLH buscaban insertarse acá y allá, con uno y con otro, eso fue lo que me empezó a molestar, porque era como estar de rodillas. Cuando Perón echó a los montoneros de la plaza, estábamos allí. Habían dicho que nos dejaban marchar y cuando llegamos, todos se mantuvieron a tres metros de nosotros. Realmente no era una aceptación. Y después, Néstor Perlongher, que estaba siempre con la cosa de izquierda y llevaba todo al extremo, espantó a mucha gente.

¿Llevaba todo al extremo de qué manera?
—Se metía en la casa de una pareja de compañeros y la tomaba. Les decía que no tenían derecho a tener su casa. Un día uno le dijo: “Néstor, avisanos, porque nosotros tenemos nuestra vida también”. Y los echó de su propia casa y les pintó las paredes: “Chanchos burgueses”, “Decadentes”, cualquier cosa. Les rompió todo y se fue. Todo tenía que ser de todos. Con Jorge Alonso también, su casa era tomada no sólo para reuniones políticas sino también para fiestas, para culear y para lo que viniera. Hay fiestas que todavía recuerdo vívidamente.

¿Cómo eran?
—Te decían: “Desnudate o no entrás”. Y adentro era un cuarto oscuro, vos no sabías con quién estabas, te fumabas, te dabas con lo que querías, había todo tipo de drogas, en esa época la droga era muy pura. Y no sabías con quién habías tenido sexo ahí. Era una época anterior al sida, donde uno podía tener toda la libertad de todo.

¿Podés adelantarnos algo de las entrevistas a escritores gays en las que estás trabajando?
—Son videos que empecé a grabar en el ’89. Hice entrevistas con Hermes Villordo, Carlos Archidiácono, Abelardo Arias, Carlos Correas, Renato Pellegrini, Ernesto Schoo y José María Borghello, que escribió una de las novelas gays más maravillosas que hay en la Argentina, La plaza de los lirios. De Carlos Correas yo no sabía que iba a ser tan fundamental, que es lo que estamos trabajando más apurado ahora. Carlos Correas era una figura oscura, una figura totalmente tapada, medio olvidada por todos, si no hubiera sido así no sé si hubiera llegado al final que llegó. Y la entrevista es maravillosa. La cita Sebreli en sus memorias porque Correas habla de su romance con él: “Sebreli era mi novia de barrio, hacíamos zaguán con Sebreli, caminábamos por las calles de Constitución...” Una versión muy distinta de la que cuenta Sebreli, eso se va a hacer público en poco tiempo. Y me habló de cosas fascinantes, como del mundo del Parque Retiro, cosa que yo no tenía idea, de las travestis legendarias de esa época. Y me contaba cosas que el camarógrafo, cuando salimos, me decía: “La puta que lo parió, me tengo que ir a hacer una paja, me dejó recaliente. ¡Qué hijo de puta!”. Porque contó cosas muy privadas, muy buenas.

Claro, habría algunos más reservados...
—Sí, les costó mucho a todos, otro de los que se abrió fue Borghelo, fue un triunfo hacerle la entrevista y no sé cómo vamos a editarla porque falló el sonido. A cada rato decía: “Traeme un trago porque me muero, no puedo seguir sin tomar”, y después se hacía la loca, se hacía la Gloria Swanson: “¡Estoy lista, empiece a rodar, Mister DeMille!”.

OSVALDO SABINO ES AUTOR DE LA MAQUINA DEL PLACER Y EL JUGUETE EROTICO, ENTRE OTROS. PARA LEER MAS SOBRE SU OBRA: http://http://OSABINO1.HOMESTEAD.COM

http://www.pagina12.com.ar/diario/suplementos/soy/1-1117-2009-12-11.html
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martes, noviembre 24, 2009

Mi vida según Valientes

En una fiesta, mi amigo N escuchó a Marita Chambers y a dos locas letradas amigas hablar mal de los que miramos telenovelas. No sé qué pensarían de mí si se enteraran de que cuando salgo de dar clases, a las diez de la noche, me vengo volando a mi casa en un taxi, desesperado por llegar a ver Valientes, o si les dijera que la historia de mi novela El mendigo chupapijas –que las mencionadas arriba celebraron y cuya historia de amor del final Marita leyó desde Fragmentos de un discurso amoroso de Barthes– no es sino de inspiración telenovelesca.

Durante toda mi infancia y adolescencia, apenas regresaba del colegio encendía el televisor, que no apagaba hasta antes de irme a dormir. Además de los programas infantiles como El Chapulín Colorado, o las series como La Mujer Maravilla o La mujer biónica (personajes que, como muchas locas en sus primeros pasos, yo imitaba en los recreos), miré muchísimos teleteatros. El primero que recuerdo vívidamente es El gato, con Gabriela Gilli y Rodolfo Bebán, de quien, a mis siete años, estaba enamoradísimo: me apasionaba verlo treparse por el balcón de su amada, vestido de negro, con botas de montar y enmascarado; es muy probable que haya sido ésta mi primera experiencia fetichista leather.

Lo que me sucede con las telenovelas es que me meto en la trama a tal punto que el mundo de los personajes termina siendo el mío. Mientras miramos la novela, mi amigo N y yo nos mandamos mensajes de texto comentando las diferentes escenas o intentando adivinar lo que va a ocurrir.

Odio a Juana (Eleonora Wexler) y me gustaría meterme por la pantalla para darle un cachetazo; de los tres hermanos, Leo (Luciano Castro) y Enzo (Gonzalo Heredia) me parecen dos insoportables, y amo a Segundo (Mariano Martínez), que comenzó analfabeto y a lo largo de los capítulos va aprendiendo a leer y escribir. Para los que todavía no saben qué es un chongo, miren a Segundo: viene del campo, es mecánico, tiene lomo, habla mal y se come las eses, es romántico pero no empalagoso como su hermano Leo, es caballero, inocente y deja entrever su lado vulnerable por un ligero sentimiento de inferioridad respecto de los amigos de buena familia de Isabel (Marcela Kloosterboer), de quien está enamorado. Uno de estos amigos, Federico, fue hasta ahora el único personaje gay que apareció en la tira y parece haber sido incluido por dos capítulos solamente para tirarse un lance con él. Como si fuera poco, Segundo se metió en el mundo del catch bajo el nombre de “Vengador Anónimo”, enmascarado (como mi primer amor de telenovela) y con traje ajustado de lycra. ¿Podremos mirar también Valientes desde Barthes y su artículo sobre el catch? Uno de los momentos más lisérgicos de la tira es un sueño erótico de Isabel que, atada y a punto de ser apuñalada por un villano, es rescatada por el Vengador Anónimo, que entró por la ventana. Isabel se despierta ante los ojos de Segundo, que le pregunta: “¿Con quién soñabas?”.

Así, mirando telenovelas, se fue formando mi idea del amor y, a mi pesar, sigo esperando que un héroe aparezca por la ventana para rescatarme y llevarme con él.

Monólogo interior en Contramano

Estoy en la escalera para entrar a Contramano, pienso qué voy a tomar, el precio de la entrada es el de la consumición que pida, si pido una cerveza son cinco pesos, un fernet con coca, ocho pesos; un gin tonic, diez.

—¿Qué vas a tomar?

—Un gin tonic.

—Diez pesos.

Guardo los anteojos en un bolsillo de la campera, saco de otro el aerosol para los bronquios, me doy un puf y lo guardo. Dejo la campera en el guardarropas y camino entre la aglomeración de gente hasta la barra.

El gin tonic es mi último trago preferido. Nunca una bebida me había hecho perder el conocimiento, excepto una vez en París, cuando tuve mi único coma alcohólico. “¡Aay, Pablo! ¡Qué mal que andaba ‘ayee! ¡Andaba’ en cuatro patas!”, me dijo aquella vez Conchita cuando la Polaca me llevaba de la mano al lavadero automático donde yo trabajaba, de camino parábamos en cada bar a tomar una cerveza. En París, al menos en ese barrio, había como mínimo dos bares por cuadra. Yo estaba convencido de que era la tarde del día anterior, pero más tarde descubrí que era la mañana del día siguiente. Me había despertado desnudo después de un almuerzo en el departamento de la Polaca y Emilio, los dueños de la lavandería, una pareja gay: Emilio, filósofo, y la Polaca, hombre de negocios, que había vuelto de Polonia con varias botellas de vodka del Bisonte, la que viene con una brizna de hierba sumergida, una era para mí. “¡Toma vodka, Pablo! ¡Toma vodka!” Y Emilio me decía: “¡Toma vino, Pablo!”.

Ahora que lo pienso no fue ése mi primer coma alcohólico. Aquellas pérdidas del conocimiento en que no sabía, por ejemplo, cómo había regresado a mi casa la madrugada anterior, o cómo había llegado a tal o cual cama, fueron también comas alcohólicos. Y también las noches cuando con mi amigo Nico, después de dos o tres Trapax cada uno, íbamos a bailar a Bunker, donde nos encontrábamos con otros amigos, tomábamos gin tonic, cointreaux con vodka, cerveza... ¡Ahhh! ¡Gin tonic! Ahora me cierra todo. ¡Y mezclado con psicofármacos!

Entonces, ahora acabo no de descubrir sino de redescubrir el gin tonic. Ahora sin psicofármacos, en realidad hace mucho que sólo consumo drogas naturales, marihuana o cocaína, pero hoy ni siquiera fumé. Es una de las pocas veces que llego careta a una disco. El primer gin tonic me emborracha un poco, el segundo es el que mejor me pega, a partir del tercero casi siempre pierdo la conciencia y puedo llegar a hacer cualquier cosa. ¿Será el gin de acá, nacional, medio berreta, o es el gin en general, bueno o malo, el que me provoca este efecto? Se lo pregunté una vez a Raúl, que a veces va a las reuniones de Alcohólicos Anónimos, y me contestó que uno de los temas que hay que evitar entre alcohólicos es el de los tipos y marcas; entonces yo, para joderlo —en realidad se trata de un ejercicio de voluntad para él—, lo someto a mis descripciones y elogios del alcohol. A mi entender, el alcohol es muy importante en la vida, y que los alcohólicos no puedan tomar una copa de vino de vez en cuando me apena por ellos. Con Raúl intentamos un sistema según el cual yo le controlaba las copas que tomaba por noche; durante un buen tiempo funcionó, pero al poco tiempo siguió tomando alcohol solo después de que yo me iba de su casa y ahora está totalmente desbarrancado.

El barman me alcanza el gin tonic, siempre le pido mi trago al mismo, que me encanta, una picardía en la mirada que asoma sobre su nariz de boxeador, muy despierto, es más, creo que cualquier empleado trabajando de noche en una discoteca gay sabe un montón más de cosas sobre nosotros que nadie. Voy a bailar un rato. Todavía hay poca gente, es temprano, apenas la una de la mañana. Tomo un sorbo. Está fuerte, tiene poca agua tónica, es difícil de tomar, pero relajo la garganta y tomo un trago largo y fresco como una catarata.

Extraño a Alejandro, que ya no trabaja acá; ahora tengo puestos un jean y un buzo que me regaló cuando estábamos de novios. Físicamente me gustaba mucho y además se vestía casi siempre de cuero. Muy musculoso, con algo de panza.

Siempre encuentro una razón para terminar con alguien cuando no me gusta, pero también cuando me gusta. Soy un estúpido, Alejandro me gustaba. Sobre todo sentía una gran admiración por él, que estaba recuperándose de una grave lesión cerebro-vascular. La noche en que hablamos por primera vez me contó, con mucha dificultad para articular las palabras, que unos años atrás vivía en Londres, era contador y se entrenaba en fisicoculturismo. Le creí porque efectivamente tenía cuerpo de ex fisicoculturista. La lesión en el cerebro fue un accidente por exceso de anabólicos. Alejandro era un príncipe convertido en sapo, pensaba cada vez que lo veía pasando el secador por el piso en el baño del local, que a cada rato se inundaba. Esa noche lo esperé hasta que la disco cerrara y me llevó a su casa. En el dormitorio, sobre la cama, había una montaña de ositos de peluche. En esa época yo pensaba que solamente una loca —o una adolescente— podía tener semejante colección de peluches. Fue ahí cuando me di cuenta de que nuestra relación no iba a funcionar, duró poco más de un mes. Sin embargo, hasta la última vez que me lo encontré en la disco trabajando en el baño, nos seguimos besando y manoseando amistosamente. Ahora lo extraño...

“¡Un gin tonic, Dr. Pinchon!”, le digo mi barman amigo. El chiste le causa gracia y me lo festeja con una sonrisa. ¡Ahhh! ¡Qué divino es! No me gusta dejar propina en el vaso de la barra lleno de billetes de dos pesos, porque me sentiría como un viejo decadente que lo estuviera presionando para que me prepare el trago más fuerte o para que sea más amable de lo que ya es conmigo, pero esta vez no puedo evitarlo: cuando no me ve, le dejo un billete por todos los que no le dejé en casi diez años desde que vengo acá, desde el ‘95. ¡Más de diez años! En realidad, si fuera así, con la cantidad de veces que vine, tendría que haberle dejado uno o más billetes de cien pesos. Y si me viera dejárselos, pensaría que me lo quiero coger...

Voy otra vez a la pista. Una loca baila como loca, deja el vaso vacío en el piso al costado del espejo en el que se refleja, se mira, gira con los brazos abiertos. ¿Se sentirá linda? Huesuda, con los ojos saltones delineados, vestida como un bailarín de Rafaella Carrà, pero con el culo chato y caído. ¿No se da cuenta de que se ve ridícula? Lo más probable es que no le importe verse así, es una loca valiente. ¿Me tocará alguna vez dar un show tan lamentable? Ahora que lo pienso, papelones hice varios. La típica habitué... Acá tenemos habitués de todo tipo, en la escala que va de la loca más loca, gerontes y gerontófilos, barbudos y bigotudos, y sobre todo osos, muchos osos, de los fofos y de los musculosos, los osos son los que más levantan, claro, el lugar está lleno de cazadores. ¿Machos de verdad? Solamente los dos de seguridad y el bombero obligatorio después de la tragedia de Cromañón, un uniformado, lindo o feo, siempre calienta.

Otro habitué. Está siempre solo y usa anteojitos, tiene un aire intelectual. Muchas veces nuestras miradas se cruzaron, pero ninguno de los dos se acercaba al otro a conversar hasta que después de varios años de histeriquearnos se animó él. Fuimos a su casa y ahí pude ver la realidad de su vida. Cuando uno mira con deseo durante tantos años a una persona de la que no sabe nada, el encuentro con la realidad puede ser... ¿Puede ser qué? Muy difícil de explicarlo ahora. Igual estoy al pedo, solo con mi copa, pensando pelotudeces. ¿Por qué me cuesta tanto animarme a conversar con los tipos que me gustan? ¿Seré demasiado respetuoso o tendré miedo a ser rechazado? No sé... Ultimamente me animo un poco más, hablo con algunos, la mayoría de las veces son conversaciones tontas. Pero casi siempre estoy solo. Bueno, no es tan así. Me siento solo desde que se fue de casa mi ex... En realidad, lo nuestro nunca llegó a ser una pareja. ¿O sí? De todas maneras ya pasó. Hace menos de un mes intenté reanudar la relación, lo llamé y quedamos en que él me llamaría para que nos viéramos. Nunca llamó. Con él tuve mi primer intento de convivencia, lo conseguimos por unos diez meses y eso es algo que valoro mucho. Ahora la idea de enamorarme se me hace imposible.

Terminé el segundo gin tonic y sigo hablando conmigo mismo. La única frase a otro la digo cuando pido el ticket para un gin tonic en la caja y cuando se lo pido al barman, que se sonríe mientras me lo prepara, me lo da en un vaso largo y luminoso. El tercero. Y ahora digo, esta vez para mis adentros, ¡Doctor Pinchon! ¡Doctor Pinchon! ¡Salud! ¡Salud, dinero y amor! Le dedico mi brindis a mi amigo Raúl Escari, que a los gritos pide en el bar de Dr. Pinchon un Vaso Rebosante de Scotch.

¿Dónde estoy? En una cama. El sol entra por la ventana. A un costado veo una montaña de ositos de peluche tirados en el piso, y en la puerta aparece Alejandro, el sapo-príncipe, que con una sonrisa me trae el desayuno a la cama.

La guerra del cerdo. Diario de la gripe porcina

13/6. Viernes. Comienzo del fin de semana largo por el 20 de junio adelantado. Tengo tos, dificultad para respirar y 38.5 de temperatura. Entro en pánico y llamo a un médico de guardia. Atiende una voz antipática que cuando le explico mi cuadro me dice que no necesito un médico. Insisto: soy portador de HIV. Me contesta que si estoy medicado no hay problema. Lo pongo en jaque: hace seis meses que no tomo la triterapia. Mientras espero, preparo un bolso por si tengo que ser internado en un hospital.

En menos de una hora llega un médico joven. Mientras subimos por el ascensor, empiezo a contarle mis síntomas y él me grita asustado: “¡Hablá mirando para otro lado!”. Una vez en mi casa, después de auscultarme me pide alcohol para desinfectarse las manos, y el resto de la consulta la mantenemos a tres metros de distancia. No quiere tocar nada, ni siquiera los análisis de sangre de rutina que me hice una semana atrás. Antes de irse me dice: “Mirá, no sé si es gripe porcina o no, tendría que hacerte un hisopado, pero no vale la pena”; me receta Aseptobrón y un antibiótico como medida preventiva. Yo, feliz por el jarabe. Me parece un buen programa para el fin de semana largo: un buen jarabe, porro y televisión.

5/7. Domingo. Un par de semanas después, la gripe A H1N1 ya fue declarada pandémica y el país está en emergencia sanitaria. A pesar de las recomendaciones por parte de las autoridades de no asistir ni abrir lugares de concurrencia masiva, las discos, bares y clubes gays enviaron mails para anunciar el cronograma de actividades. Por mi parte, completamente recuperado de la gripe, decido ir a ver qué pasa en Contramano. La concurrencia es normal y la gente se saluda como siempre, a los besos. Así somos. Adherimos a varias de las medidas preventivas anunciadas que ya forman parte del folklore urbano, nos lavamos las manos con frecuencia, andamos con nuestra botellita de alcohol en gel (y algunos agregan al kit una crema hidratante porque el alcohol daña la piel), pero no podemos evitar nuestro saludo argentino, como si en realidad no creyéramos tanto en la gravedad de la pandemia. Es comprensible: la información en los medios es poco clara y a veces contradictoria. Los primeros casos se dieron en escolares de colegios privados, y ahora dicen que los principales grupos de riesgo son los jóvenes de entre 20 y 45 años, además de los hiperobesos. En años anteriores los índices de mortalidad por la gripe estacional eran iguales o mayores a los de este año por la gripe porcina, pero nunca antes se había declarado la emergencia sanitaria. No faltan las teorías conspirativas: unos dicen que la gripe es una cortina de humo para tapar otras cosas, como por ejemplo la crisis global; otros, que es el resultado de la ambición sin escrúpulos de los empresarios de la industria farmacéutica.

6/7. Lunes. Mi amigo Master M cumple años y decidió celebrarlo en el club leather que funciona en un sector privado del cine porno ABC. No hay nadie excepto nosotros; en el cine, en cambio, hay unas 20 personas. Suena lógico. En el club leather somos más chanchitos, el intercambio de fluidos es mayor, y son pocos los que se contentan con sólo la práctica del spanking o los latigazos, sin riesgo de contagio. M trajo una riquísima torta preparada por él y dos botellas de champán. Terminamos brindando en la barra M y yo, con D, el encargado, y su novia A. D nos prestó las copas que desinfectó con lavandina antes del brindis. Un rato después, antes de bajar a inspeccionar el cuarto oscuro, afino el oído para asegurarme de que no se oigan toses.

martes, agosto 19, 2008

martes, agosto 12, 2008

EL MENDIGO CHUPAPIJAS (backstage)

ENSAYO


Pablo Pérez (dirección) y Diego Ugalde (el mendigo)



Marcelo Ferreyra (José, el Astrólogo) y Jesus Navarro (Pablo)


Matías Pedraza (Amo Man in Boots)


Jesus Navarro



jueves, mayo 29, 2008

WALDO

Un cuento inédito de Alberto Goldenstein, maestro del misterio.

Mi peluquero, Waldo, es un cincuentón que emigró desde un pequeño pueblo al sur de Chile hace ya un par de décadas.

Conviven en él una melancolía que tiene algo de fatal, junto a un gran sentido del humor. A través del tiempo se desplegó entre nosotros una complicidad tácita que hace de mis sesiones de peluquería una rutina muy placentera.

Desde el principio me demostró un afecto que es casi como un amor liso y llano, excepto por el espejo que tercia en nuestras conversaciones. Por mi parte yo le retribuyo bajo la forma de una fidelidad absoluta: sólo él me corta el pelo.

En el local trabaja también Carlitos, su ayudante y pareja, un jovenzuelo flaco y desgarbado de muy pocas palabras, que lo acompaña desde hace unos años. Ambos parecerían ser náufragos a los que la buena fortuna unió para una salvación mutua.

En su peluquería unisex, sobria y prolija, suele poner una música muy particular. Podría clasificarse como románticos latinos de todos los tiempos: Estela Raval, Salvatore Adamo, Alejandro Sanz. A pesar de ello la atmósfera del lugar no resulta tan edulcorada como podría suponerse, es más bien familiar y relajada.

Esta vez fui a cortarme el pelo al mediodía. El local estaba sin clientes, ya próximo a cerrar para el almuerzo. Carlitos abrió la puerta, me saludó con un beso en la mejilla y desde el fondo avanzó Waldo con una sonrisa cálida. Sin hablar me señaló el sillón, me senté y me envolvió con el paño estampado.

—Ayer pensaba en vos, hace rato que no venías.

Le comenté que había estado unos días en Mar del Plata por trabajo.

Luego de un largo silencio, y mientras avanzaba con el corte, comenzó a relatar:

—Siempre me acuerdo de algo que viví en Mar del Plata hace años, cuando era joven y hacía poco habia llegado de Chile. Era verano, estaba pasando unos días allí. Solia hacer larguísimas caminatas desde el centro hasta Punta Mogotes. Una tarde, en uno de esos paseos, me invadió una tristeza mientras pensaba: ¡qué solo estoy!. De pronto sentí que alguien me tomaba de atrás como abrazándome: traté de zafar en la certeza de que intentaban robarme una cadena de oro que llevaba en el cuello. Se trataba de un muchacho que me saludó y preguntó mi nombre. Le contesté “Waldo, pero no me abraces porque yo no te conozco”. Me preguntó si podía acompañarme y yo acepté. Él me hablaba todo el tiempo y yo solamente pensaba en cuáles serían sus verdaderas intenciones. Me contó que estaba con su padre y no me acuerdo qué más. En un momento nos acercamos a un grupo de gente que miraba unos payasos callejeros. “¿Vamos a ver los payasos?” me dijo. Nos sentamos en unos escalones y me tomó amorosamente del hombro. Era todo muy extraño para mí: él se reía con la actuación y me miraba, alternadamente. No parecía registrar nada más: solo a mí y a los payasos. Al cabo de un rato me propuso ir a un local de videojuegos. Pensé que lo que quería era que le pagara sus juegos. Fuimos, y en un momento se separó de mí y regresó con un puñado de fichas y dos vasos de gaseosa. Me dijo “tomá algunas para jugar y una gaseosa”. Yo estaba confundido y casi no podia disfrutar nada. Al cabo de un par de horas de estar allí me preguntó si podíamos ir a mi habitación del hotel. Ni loco, pensé, se me va con la valija y toda la ropa además de mi cadenita de oro.

—Qué ridículo que puede llegar a ser uno, no? —agregué yo a esa altura de la historia—. Además, al fin y al cabo qué importancia tenía lo que se pudiera robar!

—Le dije que no podía llevarlo —continuó— que el conserje no lo permitiría. Me citó para el día siguiente en un lugar determinado. Toda la noche pensé en él, y por supuesto al otro día fui a la cita. No sé cuánto tiempo lo esperé pero él nunca apareció. Finalmente pensé si no habría sido un fantasma, una presencia sobrenatural que Dios me mandó cuando me sentía solo. El año pasado volví a Mar del Plata con Carlitos y pasé a mostrarle el local de videojuegos en el que había estado aquella vez. Nunca me olvidé de ese chico y de su imagen tomándome del hombro, mirando los payasos y riendo. Yo creo que los fantasmas pueden llegar a existir...¿vos?



http://agoldenstein.com.ar/

miércoles, marzo 26, 2008

La actualidad nacional en el chat gay

Ayer no leí los diarios, ni escuché radio AM, ni miré televisión. Me enteré de las noticias en la página de contactos gay G4me. Aquí va un recorte cronológicamente ordenado de las opiniones vertidas a propósito del cacerolazo que hace apenas unas horas se hizo escuchar en la Ciudad de Buenos Aires, y sobre todo en la Plaza de Mayo.
Cada texto iba acompañado de la foto — pija, culo, cara, cuerpo entero o torso, de hombre vestido o en bolas, haciendose la paja o cogiendo— correspondiente a cada participante. Decidí no incluirlas por respetar el anonimato de cada uno.
Lo que sigue son citas textuales, sin correcciones, que por azar quedaron guardadas en mis documentos con el título:

KRISTINA ESTÁ ACEITANDO EL HELICÓPTERO?

*Short Messages 4 Sexy Minds (el pez por la boca muere)


que estupidez mantrico65, si nos remontamos al pasado, es porque el pasado produjo el presente. O te pensas que todo es un dibujito de Disney, y el mundo es como es porque hay gente buena y gente mala?
Pablo27pas

Típico del argentino medio todos opinan, en lugar de estar detrás de la pc uds ¿hacen algo ? lokitas lindas.
Cuervo2008


cuanta razon thony,la misma estupidez de lo que no saben nada, los que hoy golpean cacerolas en plaza las heras son lo mismo que salieron con la bandera en la caida de isabel
chubby50


TENEMOS UNA CLASE POLÌTICA LAMENTABLE, PERO EL RESTO DE LA CLASE DIRIGENTE NO LE VA EN ZAGA (LA CUPULA ECLESIASTICA, LOS GRUPOS ECONOMICOS, LOS PSEUDOINTELECTUALES). TODOS NOS ROBAN CAPITAL, TANTO EL MATERIAL COMO EL SIMBOLICO. Y A LA GILADA DALE CIRCO...
Enygma00


estan todas muy contestatarias chicas... mejor vayamos a comprar ropa..........
queer30

ÉSTOS, que ahora hacen ESO son los mismo que salieron a la calle a hacer ESO contra ESTE.Maniquiesmo, que le dicen, ¿vio?
elcondeboby


buscando algo piola y ver que se da
xxx28

Ya llegaron los matones a sueldo de Delia, a apoyar a la "reina", je! que linda democracia tenemos...los q manifestamos espontáneamente y no tenemos el "ejercicio" del piquete, por un choripan y un plan "afanar" tenemos que huir...TRISTEZA SIN FIN!!
nikodemus


gordo, llegaron lo pobres ala plaza que horror
petisoactivo


Si la señora Presidente es Autoritaria, es porque aprendió mucho con su marido en Rio Gallegos, cuando eran los "enlaces de los militares con la sociedad civil" (SIC) . ¿Derechos Humanos? Bien, gracias
Elcondeboby



LLegaron los piqueteros de la sra k esos son los que le hacen el caldo gordo y los que alimentamos con nuestros impuestos esos son los que no laburan hoy habia gente comun como dije la q sta harta de q le metan la mano en el bolsillo basta ya
Unfuego28

Lo que fallan son los principios del pueblo, por que el gobierno no es mas que gente del pueblo...
varonpas

Hoy temprano, los reaccionarios de siempre fueron a Plaza de Mayo. Son los que en el 89, de la mano de neustadt/grondona hicieron una "plaza del sí" en apoyo de la bestia de Anillaco.Los de d'elía son una lamentable patota de alcahuetes.Un asco ..
horacioso

Se viene la lluvia! Todos al sobrecito! jejeje!Bueno, los que tengan con quién, háganlo, el resto nos quedamos por acá...
aftrap

yo voy a cacerolear y apoyar a la sociedad rural, a macri y los fachos, nada más para que se coman las palabras los putos reaccionarios cuándo vuelva el oscurantismo y la represión. Total me voy a UK en 2 meses.
Pas29

kristina está aceitando el helicoptero???????????????????'
dani22


Curioso: nadie,ni los chetos ni los piqueteros, marcha para defender a los maestros y profesores que cobran suledos de miseria...y hace mucho tiempo!
tourito


Hola gente!!Sigo con ganitas de mimos y cucharitas... Alguien por ahi para ver que podemos hacer? Hoy, mañana... cuando tengamos ganas y se dé...
johansebastian


Que lamentable que se defienda a este gobierno soberbio, despota y patotero Acaso la democracia no es dejar que todos se expresen? Siempre aparecen los lamepies como DÉlia a defender lo indefendible, quien paga la mobilizacion de sus patoteros?
husky

hay cacelorazos,paro de transportes ,desabastecimiento basta hagamos como protesta una buena orgia en el obelico y dejemos guazcasos de protesta en todas las paredes .POR EL LEMA COJE BIEN FIJANDOTE A QUIEN un buen pete para todos.
easy47


basta de batallas defendiendo intereses personales, hagamos el amor que a partir de ahi saldran cosas buenas, jaja
sandorman


primero los camioneros y luego los piqueteros porque no asen las cosa bien enlugar de emfrentar la gente ya no se acuerdan cuando les mando los milicos y la apoyan
alejandro03

La situación del campo es un EMERGENTE, que toda la población aprovecha ante tanto, AUTORITARISMO, NEGACION y VIOLENCIA SOCIAL, que ejercen los K y todo el grupete de "OLFAS" LAME CULOS, que sacan partido.
barepasivobakk


El anacronismo de argentina no deja de ser llamativo. veo el comienzo de una pelicula con imagenes propias de antaño. izquierda, derecha, oligarquia (dicen que soy facho ). Que pena un pais rico mal administrado. Dia complicado Mejor cojamos
Leandro32

Si porq la Sra k es una montonera resentida que habla de los derechos humanos y es una patotera se fue a aceitar el helicoptero. Lo bien que hace como llego la patota k (los piqueteros) la gente que quiere protestar se retiro
Unfuego28

los cipayos están resentidos y salieron a golpear ollitas...son pocos...
alfaguy1966

VUELVEN LAS CACEROLAS!! CHICAS LAVEN LAS ESSEN Y SALGAN!!A LA LUCHA A LA LUCHA NO SOMOS MACHAS PERO SOMOS MUCHAS!!!
cokejai

lamentable, pero necesario. Basta de piqueteros, de cara tapada...respeto a los laburantes/campo. Laburo de administrativo y me tienen los huevos llenos con impuestos. Afanan! Que los K declaren sus ganancias de 6 palos...hechos en epoca de desaparecidos!
alexis1961

A LAS SEÑORAS Y NIÑAS COQUETAS DE ESTE CHAT QUE DEFIENDEN AL CAMPO Y DEFIENDEN A LOS K, PORQUE NO SE UNEN A SUS RESPECTIVOS GRUPOS DE PIQUETEROS (DAMAS DE LA ALTA SOCIEDAD Y NEGROS DEL TERCER MUNDO) Y DEJAN ESTE LUGAR PARA LO QUE SE CREO PARA COJER
Mmaf1970


que verguenza lo que logro esta yegua, mando a delia a joder al pueblo real, el pueblo que trabaja.hija de puta
machopas42

aca estoy, solo para vos, me entrego a vos, me deseas? te espero, un beso donde te de mas placer y extasis
nutria salvaje

esa señora,es sencillamete una conchuda,malcojida,soberbia,autoritaria,adicta al botox,sin autocritica sin valores msin idoneidad y vive en una nube de pedos,que suerte que va a durar poco,
placerx2


Por Congreso... ¿Algún ACTIVO delgado, atlético ó musculoso?
josancal

"Los peronistas no son ni buenos ni malos, son incorregibles" Jorge Luis BorgesSiguen siendo fieles a sí mismos
hedonista


BESOS A TODOS LOS OSOS Y HOMBRES GRANDESSSS
Cazadordeoso


Sr D´ELIA...SR MOYANO...GRACIAS X LOS SERVICIOS PRESTADOS...(PASEN EL JUEVES A COBRAR)CRIS Y NESTOR.-
Deseo


NO al enfrentamientoSI al diálogoNo existen buenos ni malos
PROTECCION AL CAMPO Y A LA INDUSTRIA ARGENTINANUESTRO PAIS NO TERMINA EN LA AUTOPISTA GENERAL PAZ...EL INTERIOR TIENE EL MISMO DERECHO!!Gente por favor RELAX
Bangu