martes, noviembre 24, 2009

Mi vida según Valientes

En una fiesta, mi amigo N escuchó a Marita Chambers y a dos locas letradas amigas hablar mal de los que miramos telenovelas. No sé qué pensarían de mí si se enteraran de que cuando salgo de dar clases, a las diez de la noche, me vengo volando a mi casa en un taxi, desesperado por llegar a ver Valientes, o si les dijera que la historia de mi novela El mendigo chupapijas –que las mencionadas arriba celebraron y cuya historia de amor del final Marita leyó desde Fragmentos de un discurso amoroso de Barthes– no es sino de inspiración telenovelesca.

Durante toda mi infancia y adolescencia, apenas regresaba del colegio encendía el televisor, que no apagaba hasta antes de irme a dormir. Además de los programas infantiles como El Chapulín Colorado, o las series como La Mujer Maravilla o La mujer biónica (personajes que, como muchas locas en sus primeros pasos, yo imitaba en los recreos), miré muchísimos teleteatros. El primero que recuerdo vívidamente es El gato, con Gabriela Gilli y Rodolfo Bebán, de quien, a mis siete años, estaba enamoradísimo: me apasionaba verlo treparse por el balcón de su amada, vestido de negro, con botas de montar y enmascarado; es muy probable que haya sido ésta mi primera experiencia fetichista leather.

Lo que me sucede con las telenovelas es que me meto en la trama a tal punto que el mundo de los personajes termina siendo el mío. Mientras miramos la novela, mi amigo N y yo nos mandamos mensajes de texto comentando las diferentes escenas o intentando adivinar lo que va a ocurrir.

Odio a Juana (Eleonora Wexler) y me gustaría meterme por la pantalla para darle un cachetazo; de los tres hermanos, Leo (Luciano Castro) y Enzo (Gonzalo Heredia) me parecen dos insoportables, y amo a Segundo (Mariano Martínez), que comenzó analfabeto y a lo largo de los capítulos va aprendiendo a leer y escribir. Para los que todavía no saben qué es un chongo, miren a Segundo: viene del campo, es mecánico, tiene lomo, habla mal y se come las eses, es romántico pero no empalagoso como su hermano Leo, es caballero, inocente y deja entrever su lado vulnerable por un ligero sentimiento de inferioridad respecto de los amigos de buena familia de Isabel (Marcela Kloosterboer), de quien está enamorado. Uno de estos amigos, Federico, fue hasta ahora el único personaje gay que apareció en la tira y parece haber sido incluido por dos capítulos solamente para tirarse un lance con él. Como si fuera poco, Segundo se metió en el mundo del catch bajo el nombre de “Vengador Anónimo”, enmascarado (como mi primer amor de telenovela) y con traje ajustado de lycra. ¿Podremos mirar también Valientes desde Barthes y su artículo sobre el catch? Uno de los momentos más lisérgicos de la tira es un sueño erótico de Isabel que, atada y a punto de ser apuñalada por un villano, es rescatada por el Vengador Anónimo, que entró por la ventana. Isabel se despierta ante los ojos de Segundo, que le pregunta: “¿Con quién soñabas?”.

Así, mirando telenovelas, se fue formando mi idea del amor y, a mi pesar, sigo esperando que un héroe aparezca por la ventana para rescatarme y llevarme con él.

Monólogo interior en Contramano

Estoy en la escalera para entrar a Contramano, pienso qué voy a tomar, el precio de la entrada es el de la consumición que pida, si pido una cerveza son cinco pesos, un fernet con coca, ocho pesos; un gin tonic, diez.

—¿Qué vas a tomar?

—Un gin tonic.

—Diez pesos.

Guardo los anteojos en un bolsillo de la campera, saco de otro el aerosol para los bronquios, me doy un puf y lo guardo. Dejo la campera en el guardarropas y camino entre la aglomeración de gente hasta la barra.

El gin tonic es mi último trago preferido. Nunca una bebida me había hecho perder el conocimiento, excepto una vez en París, cuando tuve mi único coma alcohólico. “¡Aay, Pablo! ¡Qué mal que andaba ‘ayee! ¡Andaba’ en cuatro patas!”, me dijo aquella vez Conchita cuando la Polaca me llevaba de la mano al lavadero automático donde yo trabajaba, de camino parábamos en cada bar a tomar una cerveza. En París, al menos en ese barrio, había como mínimo dos bares por cuadra. Yo estaba convencido de que era la tarde del día anterior, pero más tarde descubrí que era la mañana del día siguiente. Me había despertado desnudo después de un almuerzo en el departamento de la Polaca y Emilio, los dueños de la lavandería, una pareja gay: Emilio, filósofo, y la Polaca, hombre de negocios, que había vuelto de Polonia con varias botellas de vodka del Bisonte, la que viene con una brizna de hierba sumergida, una era para mí. “¡Toma vodka, Pablo! ¡Toma vodka!” Y Emilio me decía: “¡Toma vino, Pablo!”.

Ahora que lo pienso no fue ése mi primer coma alcohólico. Aquellas pérdidas del conocimiento en que no sabía, por ejemplo, cómo había regresado a mi casa la madrugada anterior, o cómo había llegado a tal o cual cama, fueron también comas alcohólicos. Y también las noches cuando con mi amigo Nico, después de dos o tres Trapax cada uno, íbamos a bailar a Bunker, donde nos encontrábamos con otros amigos, tomábamos gin tonic, cointreaux con vodka, cerveza... ¡Ahhh! ¡Gin tonic! Ahora me cierra todo. ¡Y mezclado con psicofármacos!

Entonces, ahora acabo no de descubrir sino de redescubrir el gin tonic. Ahora sin psicofármacos, en realidad hace mucho que sólo consumo drogas naturales, marihuana o cocaína, pero hoy ni siquiera fumé. Es una de las pocas veces que llego careta a una disco. El primer gin tonic me emborracha un poco, el segundo es el que mejor me pega, a partir del tercero casi siempre pierdo la conciencia y puedo llegar a hacer cualquier cosa. ¿Será el gin de acá, nacional, medio berreta, o es el gin en general, bueno o malo, el que me provoca este efecto? Se lo pregunté una vez a Raúl, que a veces va a las reuniones de Alcohólicos Anónimos, y me contestó que uno de los temas que hay que evitar entre alcohólicos es el de los tipos y marcas; entonces yo, para joderlo —en realidad se trata de un ejercicio de voluntad para él—, lo someto a mis descripciones y elogios del alcohol. A mi entender, el alcohol es muy importante en la vida, y que los alcohólicos no puedan tomar una copa de vino de vez en cuando me apena por ellos. Con Raúl intentamos un sistema según el cual yo le controlaba las copas que tomaba por noche; durante un buen tiempo funcionó, pero al poco tiempo siguió tomando alcohol solo después de que yo me iba de su casa y ahora está totalmente desbarrancado.

El barman me alcanza el gin tonic, siempre le pido mi trago al mismo, que me encanta, una picardía en la mirada que asoma sobre su nariz de boxeador, muy despierto, es más, creo que cualquier empleado trabajando de noche en una discoteca gay sabe un montón más de cosas sobre nosotros que nadie. Voy a bailar un rato. Todavía hay poca gente, es temprano, apenas la una de la mañana. Tomo un sorbo. Está fuerte, tiene poca agua tónica, es difícil de tomar, pero relajo la garganta y tomo un trago largo y fresco como una catarata.

Extraño a Alejandro, que ya no trabaja acá; ahora tengo puestos un jean y un buzo que me regaló cuando estábamos de novios. Físicamente me gustaba mucho y además se vestía casi siempre de cuero. Muy musculoso, con algo de panza.

Siempre encuentro una razón para terminar con alguien cuando no me gusta, pero también cuando me gusta. Soy un estúpido, Alejandro me gustaba. Sobre todo sentía una gran admiración por él, que estaba recuperándose de una grave lesión cerebro-vascular. La noche en que hablamos por primera vez me contó, con mucha dificultad para articular las palabras, que unos años atrás vivía en Londres, era contador y se entrenaba en fisicoculturismo. Le creí porque efectivamente tenía cuerpo de ex fisicoculturista. La lesión en el cerebro fue un accidente por exceso de anabólicos. Alejandro era un príncipe convertido en sapo, pensaba cada vez que lo veía pasando el secador por el piso en el baño del local, que a cada rato se inundaba. Esa noche lo esperé hasta que la disco cerrara y me llevó a su casa. En el dormitorio, sobre la cama, había una montaña de ositos de peluche. En esa época yo pensaba que solamente una loca —o una adolescente— podía tener semejante colección de peluches. Fue ahí cuando me di cuenta de que nuestra relación no iba a funcionar, duró poco más de un mes. Sin embargo, hasta la última vez que me lo encontré en la disco trabajando en el baño, nos seguimos besando y manoseando amistosamente. Ahora lo extraño...

“¡Un gin tonic, Dr. Pinchon!”, le digo mi barman amigo. El chiste le causa gracia y me lo festeja con una sonrisa. ¡Ahhh! ¡Qué divino es! No me gusta dejar propina en el vaso de la barra lleno de billetes de dos pesos, porque me sentiría como un viejo decadente que lo estuviera presionando para que me prepare el trago más fuerte o para que sea más amable de lo que ya es conmigo, pero esta vez no puedo evitarlo: cuando no me ve, le dejo un billete por todos los que no le dejé en casi diez años desde que vengo acá, desde el ‘95. ¡Más de diez años! En realidad, si fuera así, con la cantidad de veces que vine, tendría que haberle dejado uno o más billetes de cien pesos. Y si me viera dejárselos, pensaría que me lo quiero coger...

Voy otra vez a la pista. Una loca baila como loca, deja el vaso vacío en el piso al costado del espejo en el que se refleja, se mira, gira con los brazos abiertos. ¿Se sentirá linda? Huesuda, con los ojos saltones delineados, vestida como un bailarín de Rafaella Carrà, pero con el culo chato y caído. ¿No se da cuenta de que se ve ridícula? Lo más probable es que no le importe verse así, es una loca valiente. ¿Me tocará alguna vez dar un show tan lamentable? Ahora que lo pienso, papelones hice varios. La típica habitué... Acá tenemos habitués de todo tipo, en la escala que va de la loca más loca, gerontes y gerontófilos, barbudos y bigotudos, y sobre todo osos, muchos osos, de los fofos y de los musculosos, los osos son los que más levantan, claro, el lugar está lleno de cazadores. ¿Machos de verdad? Solamente los dos de seguridad y el bombero obligatorio después de la tragedia de Cromañón, un uniformado, lindo o feo, siempre calienta.

Otro habitué. Está siempre solo y usa anteojitos, tiene un aire intelectual. Muchas veces nuestras miradas se cruzaron, pero ninguno de los dos se acercaba al otro a conversar hasta que después de varios años de histeriquearnos se animó él. Fuimos a su casa y ahí pude ver la realidad de su vida. Cuando uno mira con deseo durante tantos años a una persona de la que no sabe nada, el encuentro con la realidad puede ser... ¿Puede ser qué? Muy difícil de explicarlo ahora. Igual estoy al pedo, solo con mi copa, pensando pelotudeces. ¿Por qué me cuesta tanto animarme a conversar con los tipos que me gustan? ¿Seré demasiado respetuoso o tendré miedo a ser rechazado? No sé... Ultimamente me animo un poco más, hablo con algunos, la mayoría de las veces son conversaciones tontas. Pero casi siempre estoy solo. Bueno, no es tan así. Me siento solo desde que se fue de casa mi ex... En realidad, lo nuestro nunca llegó a ser una pareja. ¿O sí? De todas maneras ya pasó. Hace menos de un mes intenté reanudar la relación, lo llamé y quedamos en que él me llamaría para que nos viéramos. Nunca llamó. Con él tuve mi primer intento de convivencia, lo conseguimos por unos diez meses y eso es algo que valoro mucho. Ahora la idea de enamorarme se me hace imposible.

Terminé el segundo gin tonic y sigo hablando conmigo mismo. La única frase a otro la digo cuando pido el ticket para un gin tonic en la caja y cuando se lo pido al barman, que se sonríe mientras me lo prepara, me lo da en un vaso largo y luminoso. El tercero. Y ahora digo, esta vez para mis adentros, ¡Doctor Pinchon! ¡Doctor Pinchon! ¡Salud! ¡Salud, dinero y amor! Le dedico mi brindis a mi amigo Raúl Escari, que a los gritos pide en el bar de Dr. Pinchon un Vaso Rebosante de Scotch.

¿Dónde estoy? En una cama. El sol entra por la ventana. A un costado veo una montaña de ositos de peluche tirados en el piso, y en la puerta aparece Alejandro, el sapo-príncipe, que con una sonrisa me trae el desayuno a la cama.

La guerra del cerdo. Diario de la gripe porcina

13/6. Viernes. Comienzo del fin de semana largo por el 20 de junio adelantado. Tengo tos, dificultad para respirar y 38.5 de temperatura. Entro en pánico y llamo a un médico de guardia. Atiende una voz antipática que cuando le explico mi cuadro me dice que no necesito un médico. Insisto: soy portador de HIV. Me contesta que si estoy medicado no hay problema. Lo pongo en jaque: hace seis meses que no tomo la triterapia. Mientras espero, preparo un bolso por si tengo que ser internado en un hospital.

En menos de una hora llega un médico joven. Mientras subimos por el ascensor, empiezo a contarle mis síntomas y él me grita asustado: “¡Hablá mirando para otro lado!”. Una vez en mi casa, después de auscultarme me pide alcohol para desinfectarse las manos, y el resto de la consulta la mantenemos a tres metros de distancia. No quiere tocar nada, ni siquiera los análisis de sangre de rutina que me hice una semana atrás. Antes de irse me dice: “Mirá, no sé si es gripe porcina o no, tendría que hacerte un hisopado, pero no vale la pena”; me receta Aseptobrón y un antibiótico como medida preventiva. Yo, feliz por el jarabe. Me parece un buen programa para el fin de semana largo: un buen jarabe, porro y televisión.

5/7. Domingo. Un par de semanas después, la gripe A H1N1 ya fue declarada pandémica y el país está en emergencia sanitaria. A pesar de las recomendaciones por parte de las autoridades de no asistir ni abrir lugares de concurrencia masiva, las discos, bares y clubes gays enviaron mails para anunciar el cronograma de actividades. Por mi parte, completamente recuperado de la gripe, decido ir a ver qué pasa en Contramano. La concurrencia es normal y la gente se saluda como siempre, a los besos. Así somos. Adherimos a varias de las medidas preventivas anunciadas que ya forman parte del folklore urbano, nos lavamos las manos con frecuencia, andamos con nuestra botellita de alcohol en gel (y algunos agregan al kit una crema hidratante porque el alcohol daña la piel), pero no podemos evitar nuestro saludo argentino, como si en realidad no creyéramos tanto en la gravedad de la pandemia. Es comprensible: la información en los medios es poco clara y a veces contradictoria. Los primeros casos se dieron en escolares de colegios privados, y ahora dicen que los principales grupos de riesgo son los jóvenes de entre 20 y 45 años, además de los hiperobesos. En años anteriores los índices de mortalidad por la gripe estacional eran iguales o mayores a los de este año por la gripe porcina, pero nunca antes se había declarado la emergencia sanitaria. No faltan las teorías conspirativas: unos dicen que la gripe es una cortina de humo para tapar otras cosas, como por ejemplo la crisis global; otros, que es el resultado de la ambición sin escrúpulos de los empresarios de la industria farmacéutica.

6/7. Lunes. Mi amigo Master M cumple años y decidió celebrarlo en el club leather que funciona en un sector privado del cine porno ABC. No hay nadie excepto nosotros; en el cine, en cambio, hay unas 20 personas. Suena lógico. En el club leather somos más chanchitos, el intercambio de fluidos es mayor, y son pocos los que se contentan con sólo la práctica del spanking o los latigazos, sin riesgo de contagio. M trajo una riquísima torta preparada por él y dos botellas de champán. Terminamos brindando en la barra M y yo, con D, el encargado, y su novia A. D nos prestó las copas que desinfectó con lavandina antes del brindis. Un rato después, antes de bajar a inspeccionar el cuarto oscuro, afino el oído para asegurarme de que no se oigan toses.

martes, agosto 19, 2008

martes, agosto 12, 2008

EL MENDIGO CHUPAPIJAS (backstage)

ENSAYO


Pablo Pérez (dirección) y Diego Ugalde (el mendigo)



Marcelo Ferreyra (José, el Astrólogo) y Jesus Navarro (Pablo)


Matías Pedraza (Amo Man in Boots)


Jesus Navarro



jueves, mayo 29, 2008

WALDO

Un cuento inédito de Alberto Goldenstein, maestro del misterio.

Mi peluquero, Waldo, es un cincuentón que emigró desde un pequeño pueblo al sur de Chile hace ya un par de décadas.

Conviven en él una melancolía que tiene algo de fatal, junto a un gran sentido del humor. A través del tiempo se desplegó entre nosotros una complicidad tácita que hace de mis sesiones de peluquería una rutina muy placentera.

Desde el principio me demostró un afecto que es casi como un amor liso y llano, excepto por el espejo que tercia en nuestras conversaciones. Por mi parte yo le retribuyo bajo la forma de una fidelidad absoluta: sólo él me corta el pelo.

En el local trabaja también Carlitos, su ayudante y pareja, un jovenzuelo flaco y desgarbado de muy pocas palabras, que lo acompaña desde hace unos años. Ambos parecerían ser náufragos a los que la buena fortuna unió para una salvación mutua.

En su peluquería unisex, sobria y prolija, suele poner una música muy particular. Podría clasificarse como románticos latinos de todos los tiempos: Estela Raval, Salvatore Adamo, Alejandro Sanz. A pesar de ello la atmósfera del lugar no resulta tan edulcorada como podría suponerse, es más bien familiar y relajada.

Esta vez fui a cortarme el pelo al mediodía. El local estaba sin clientes, ya próximo a cerrar para el almuerzo. Carlitos abrió la puerta, me saludó con un beso en la mejilla y desde el fondo avanzó Waldo con una sonrisa cálida. Sin hablar me señaló el sillón, me senté y me envolvió con el paño estampado.

—Ayer pensaba en vos, hace rato que no venías.

Le comenté que había estado unos días en Mar del Plata por trabajo.

Luego de un largo silencio, y mientras avanzaba con el corte, comenzó a relatar:

—Siempre me acuerdo de algo que viví en Mar del Plata hace años, cuando era joven y hacía poco habia llegado de Chile. Era verano, estaba pasando unos días allí. Solia hacer larguísimas caminatas desde el centro hasta Punta Mogotes. Una tarde, en uno de esos paseos, me invadió una tristeza mientras pensaba: ¡qué solo estoy!. De pronto sentí que alguien me tomaba de atrás como abrazándome: traté de zafar en la certeza de que intentaban robarme una cadena de oro que llevaba en el cuello. Se trataba de un muchacho que me saludó y preguntó mi nombre. Le contesté “Waldo, pero no me abraces porque yo no te conozco”. Me preguntó si podía acompañarme y yo acepté. Él me hablaba todo el tiempo y yo solamente pensaba en cuáles serían sus verdaderas intenciones. Me contó que estaba con su padre y no me acuerdo qué más. En un momento nos acercamos a un grupo de gente que miraba unos payasos callejeros. “¿Vamos a ver los payasos?” me dijo. Nos sentamos en unos escalones y me tomó amorosamente del hombro. Era todo muy extraño para mí: él se reía con la actuación y me miraba, alternadamente. No parecía registrar nada más: solo a mí y a los payasos. Al cabo de un rato me propuso ir a un local de videojuegos. Pensé que lo que quería era que le pagara sus juegos. Fuimos, y en un momento se separó de mí y regresó con un puñado de fichas y dos vasos de gaseosa. Me dijo “tomá algunas para jugar y una gaseosa”. Yo estaba confundido y casi no podia disfrutar nada. Al cabo de un par de horas de estar allí me preguntó si podíamos ir a mi habitación del hotel. Ni loco, pensé, se me va con la valija y toda la ropa además de mi cadenita de oro.

—Qué ridículo que puede llegar a ser uno, no? —agregué yo a esa altura de la historia—. Además, al fin y al cabo qué importancia tenía lo que se pudiera robar!

—Le dije que no podía llevarlo —continuó— que el conserje no lo permitiría. Me citó para el día siguiente en un lugar determinado. Toda la noche pensé en él, y por supuesto al otro día fui a la cita. No sé cuánto tiempo lo esperé pero él nunca apareció. Finalmente pensé si no habría sido un fantasma, una presencia sobrenatural que Dios me mandó cuando me sentía solo. El año pasado volví a Mar del Plata con Carlitos y pasé a mostrarle el local de videojuegos en el que había estado aquella vez. Nunca me olvidé de ese chico y de su imagen tomándome del hombro, mirando los payasos y riendo. Yo creo que los fantasmas pueden llegar a existir...¿vos?



http://agoldenstein.com.ar/

miércoles, marzo 26, 2008

La actualidad nacional en el chat gay

Ayer no leí los diarios, ni escuché radio AM, ni miré televisión. Me enteré de las noticias en la página de contactos gay G4me. Aquí va un recorte cronológicamente ordenado de las opiniones vertidas a propósito del cacerolazo que hace apenas unas horas se hizo escuchar en la Ciudad de Buenos Aires, y sobre todo en la Plaza de Mayo.
Cada texto iba acompañado de la foto — pija, culo, cara, cuerpo entero o torso, de hombre vestido o en bolas, haciendose la paja o cogiendo— correspondiente a cada participante. Decidí no incluirlas por respetar el anonimato de cada uno.
Lo que sigue son citas textuales, sin correcciones, que por azar quedaron guardadas en mis documentos con el título:

KRISTINA ESTÁ ACEITANDO EL HELICÓPTERO?

*Short Messages 4 Sexy Minds (el pez por la boca muere)


que estupidez mantrico65, si nos remontamos al pasado, es porque el pasado produjo el presente. O te pensas que todo es un dibujito de Disney, y el mundo es como es porque hay gente buena y gente mala?
Pablo27pas

Típico del argentino medio todos opinan, en lugar de estar detrás de la pc uds ¿hacen algo ? lokitas lindas.
Cuervo2008


cuanta razon thony,la misma estupidez de lo que no saben nada, los que hoy golpean cacerolas en plaza las heras son lo mismo que salieron con la bandera en la caida de isabel
chubby50


TENEMOS UNA CLASE POLÌTICA LAMENTABLE, PERO EL RESTO DE LA CLASE DIRIGENTE NO LE VA EN ZAGA (LA CUPULA ECLESIASTICA, LOS GRUPOS ECONOMICOS, LOS PSEUDOINTELECTUALES). TODOS NOS ROBAN CAPITAL, TANTO EL MATERIAL COMO EL SIMBOLICO. Y A LA GILADA DALE CIRCO...
Enygma00


estan todas muy contestatarias chicas... mejor vayamos a comprar ropa..........
queer30

ÉSTOS, que ahora hacen ESO son los mismo que salieron a la calle a hacer ESO contra ESTE.Maniquiesmo, que le dicen, ¿vio?
elcondeboby


buscando algo piola y ver que se da
xxx28

Ya llegaron los matones a sueldo de Delia, a apoyar a la "reina", je! que linda democracia tenemos...los q manifestamos espontáneamente y no tenemos el "ejercicio" del piquete, por un choripan y un plan "afanar" tenemos que huir...TRISTEZA SIN FIN!!
nikodemus


gordo, llegaron lo pobres ala plaza que horror
petisoactivo


Si la señora Presidente es Autoritaria, es porque aprendió mucho con su marido en Rio Gallegos, cuando eran los "enlaces de los militares con la sociedad civil" (SIC) . ¿Derechos Humanos? Bien, gracias
Elcondeboby



LLegaron los piqueteros de la sra k esos son los que le hacen el caldo gordo y los que alimentamos con nuestros impuestos esos son los que no laburan hoy habia gente comun como dije la q sta harta de q le metan la mano en el bolsillo basta ya
Unfuego28

Lo que fallan son los principios del pueblo, por que el gobierno no es mas que gente del pueblo...
varonpas

Hoy temprano, los reaccionarios de siempre fueron a Plaza de Mayo. Son los que en el 89, de la mano de neustadt/grondona hicieron una "plaza del sí" en apoyo de la bestia de Anillaco.Los de d'elía son una lamentable patota de alcahuetes.Un asco ..
horacioso

Se viene la lluvia! Todos al sobrecito! jejeje!Bueno, los que tengan con quién, háganlo, el resto nos quedamos por acá...
aftrap

yo voy a cacerolear y apoyar a la sociedad rural, a macri y los fachos, nada más para que se coman las palabras los putos reaccionarios cuándo vuelva el oscurantismo y la represión. Total me voy a UK en 2 meses.
Pas29

kristina está aceitando el helicoptero???????????????????'
dani22


Curioso: nadie,ni los chetos ni los piqueteros, marcha para defender a los maestros y profesores que cobran suledos de miseria...y hace mucho tiempo!
tourito


Hola gente!!Sigo con ganitas de mimos y cucharitas... Alguien por ahi para ver que podemos hacer? Hoy, mañana... cuando tengamos ganas y se dé...
johansebastian


Que lamentable que se defienda a este gobierno soberbio, despota y patotero Acaso la democracia no es dejar que todos se expresen? Siempre aparecen los lamepies como DÉlia a defender lo indefendible, quien paga la mobilizacion de sus patoteros?
husky

hay cacelorazos,paro de transportes ,desabastecimiento basta hagamos como protesta una buena orgia en el obelico y dejemos guazcasos de protesta en todas las paredes .POR EL LEMA COJE BIEN FIJANDOTE A QUIEN un buen pete para todos.
easy47


basta de batallas defendiendo intereses personales, hagamos el amor que a partir de ahi saldran cosas buenas, jaja
sandorman


primero los camioneros y luego los piqueteros porque no asen las cosa bien enlugar de emfrentar la gente ya no se acuerdan cuando les mando los milicos y la apoyan
alejandro03

La situación del campo es un EMERGENTE, que toda la población aprovecha ante tanto, AUTORITARISMO, NEGACION y VIOLENCIA SOCIAL, que ejercen los K y todo el grupete de "OLFAS" LAME CULOS, que sacan partido.
barepasivobakk


El anacronismo de argentina no deja de ser llamativo. veo el comienzo de una pelicula con imagenes propias de antaño. izquierda, derecha, oligarquia (dicen que soy facho ). Que pena un pais rico mal administrado. Dia complicado Mejor cojamos
Leandro32

Si porq la Sra k es una montonera resentida que habla de los derechos humanos y es una patotera se fue a aceitar el helicoptero. Lo bien que hace como llego la patota k (los piqueteros) la gente que quiere protestar se retiro
Unfuego28

los cipayos están resentidos y salieron a golpear ollitas...son pocos...
alfaguy1966

VUELVEN LAS CACEROLAS!! CHICAS LAVEN LAS ESSEN Y SALGAN!!A LA LUCHA A LA LUCHA NO SOMOS MACHAS PERO SOMOS MUCHAS!!!
cokejai

lamentable, pero necesario. Basta de piqueteros, de cara tapada...respeto a los laburantes/campo. Laburo de administrativo y me tienen los huevos llenos con impuestos. Afanan! Que los K declaren sus ganancias de 6 palos...hechos en epoca de desaparecidos!
alexis1961

A LAS SEÑORAS Y NIÑAS COQUETAS DE ESTE CHAT QUE DEFIENDEN AL CAMPO Y DEFIENDEN A LOS K, PORQUE NO SE UNEN A SUS RESPECTIVOS GRUPOS DE PIQUETEROS (DAMAS DE LA ALTA SOCIEDAD Y NEGROS DEL TERCER MUNDO) Y DEJAN ESTE LUGAR PARA LO QUE SE CREO PARA COJER
Mmaf1970


que verguenza lo que logro esta yegua, mando a delia a joder al pueblo real, el pueblo que trabaja.hija de puta
machopas42

aca estoy, solo para vos, me entrego a vos, me deseas? te espero, un beso donde te de mas placer y extasis
nutria salvaje

esa señora,es sencillamete una conchuda,malcojida,soberbia,autoritaria,adicta al botox,sin autocritica sin valores msin idoneidad y vive en una nube de pedos,que suerte que va a durar poco,
placerx2


Por Congreso... ¿Algún ACTIVO delgado, atlético ó musculoso?
josancal

"Los peronistas no son ni buenos ni malos, son incorregibles" Jorge Luis BorgesSiguen siendo fieles a sí mismos
hedonista


BESOS A TODOS LOS OSOS Y HOMBRES GRANDESSSS
Cazadordeoso


Sr D´ELIA...SR MOYANO...GRACIAS X LOS SERVICIOS PRESTADOS...(PASEN EL JUEVES A COBRAR)CRIS Y NESTOR.-
Deseo


NO al enfrentamientoSI al diálogoNo existen buenos ni malos
PROTECCION AL CAMPO Y A LA INDUSTRIA ARGENTINANUESTRO PAIS NO TERMINA EN LA AUTOPISTA GENERAL PAZ...EL INTERIOR TIENE EL MISMO DERECHO!!Gente por favor RELAX
Bangu

lunes, marzo 03, 2008

Confesiones

Tarde pero seguro. Acá van las Confesiones, a pedido de Rodrigo (a quien no puedo negarle nada)

CONFESIONES (Texto de Pablo Pérez publicado en Confesionario. Historia de mi vida privada /Compilado por Cecilia Szperling. Libros del Rojas. Buenos Aires,2006)

—¿Qué se confiesa?
— Se confiesan los pecados.
—¿Y qué es un pecado?
—Por un lado están los diez mandamientos, por el otro, los pecados capitales. Pero, ¿es lo mismo mentir que matar? Los pecados capitales, ¿no son los mismos que se cometen —además de cometerse en todo el mundo— sobre todo en el Vaticano y en la burguesía católica?
— Yo creo que la confesión sirve para expiar, exorcizar, exteriorizar el demonio que llevamos dentro.
—Otra forma es la del interrogatorio sadomasoquista. El esclavo debe confesar al Amo qué prácticas le gustan, sus fantasías, sus experiencias sexuales anteriores con otros Amos,, etc.
—También se confiesan las mentiras, los propios defectos, o lo que los otros consideran incorrecto o inmoral.
—Yo creo que contar intimidades es bueno para la literatura pero no en lo confesional.
—¡Mirala a ella! ¡Qué tupé!
—Uno confiesa aquello que considera lo peor de sí. A veces no lo peor, sino lo que considera vergonzante a la mirada de los otros, pero que puede llegar a considerar normal, e incluso bueno, como en mi caso sucede con la marihuana, creo que está muy injustamente penalizada. Me da bronca que algunos personajes famosos se hagan los sotas cuando se está hablando frente a ellos o ellos mismos hablan mal de la droga, cuando en realidad en su mayoría la consumen en sus diversas variantes y casi siempre de la mejor calidad posible.
—Para mí, la marihuana es una buena manera de comunicarme con Dios.

(Voces)

Vous avez encore une vingtaine d’années de jolies péchés à faire: n’y manquez pas, ensuite
vous vous en repentirez..

(Diderot)



Confieso que tengo Fe, aunque no sepa demasiado bien Fe en qué. Me siento una mezcla de dionisíaco, platónico, católico, evangelista, espiritista, budista zen, taoísta, hindú, judío, incluso una vez entregué mi alma al demonio y a veces creo que en verdad sí lo hice y que estoy sufriendo las consecuencias.

Confieso que muchas veces, antes de tomar una decisión importante, considero determinados preceptos de cualquiera de estas diferentes creencias e incluso de algunos libros de autoayuda.
Confieso también que creo que mi hermana Paula, que murió en 1992, es mi ángel de la guarda.

Nunca me confesé con un cura católico, porque desde los diez años fui a una iglesia evangelista. Cuando era chico quería ser misionero y participaba, en la Iglesia Evangélica Bautista de Constitución, de todas las actividades en las que podía, siempre con mucho entusiasmo. Hasta que me enteré de las internas de dos pastores que querían quedar al frente de la iglesia cada uno con sus seguidores y, por esto, entre otras cosas, me decepcioné de la religión. En general “la religión”, como la entienden sobre todo los católicos y otros cristianos, me parece decepcionante, lo que no quita que en muchos casos, me sirvan algunas enseñanzas de la Biblia, sobre todo del Nuevo Testamento, y otros libros sagrados.
En la iglesia evangelista, uno no se confiesa como en la iglesia católica, a solas con el cura, si no que da su testimonio en el púlpito, ante toda la grey, lo que me parece tal vez un poco mejor, más parecido a lo que estoy haciendo ahora. En general estos testimonios son del tipo “yo era un drogadicto y alcohólico, y maltrataba a mi mujer y a mis hijos hasta que Jesucristo entró a mi vida y me salvó”. Y todos aplauden y alaban al Señor. En mi caso, las confesiones son más bien “yo soy” que “yo era” y no sé si fui salvado o no. En todo caso, los que me salvaron y me ayudaron en los momentos difíciles de mi vida, fueron mis amigos, mi psicoanalista, mi médico, entre otras personas que, tal vez, me haya mandado Dios.

No sé bien qué pensar de la Biblia. Hasta ahora todo lo que está escrito es obra de los hombres. Por ejemplo, no entiendo bien el episodio en que Dios entrega a Moisés las Tablas de la Ley con los diez mandamientos. Los indios Selk’nam tenían rituales parecidos, se pintaban los cuerpos y así disfrazados bajaban de la montaña haciéndose pasar por extraterrestres que llegaban para dictar y hacer cumplir la ley.

A veces pienso en los diez mandamientos. Hace algunos años fantaseaba sobre qué diría si me confesara en un verdadero confesionario, con un cura cualquiera (de paso confieso que a veces me quedo hasta el final de la programación de Canal Siete para escuchar el mensaje del padre Farinello)

Respecto de los pecados capitales. A veces me siento avaro, a veces me enojo, a veces soy envidioso y orgulloso. Mis pecados capitales preferidos son la lujuria, la gula y la pereza. Me encanta el sexo, la buena mesa y dormir y no hacer nada en todo el día.

En cuanto a los diez mandamientos, creo que amo a Dios por sobre todas las cosas, aunque todavía no se quién es Dios.

Me siento más politeísta que monoteísta, pero también creo que hay algo así como un Padre Celestial, superior a todos.

Llevo una vida sexual licenciosa y no creo en la fidelidad, así que supongo que soy un adúltero. Siempre tuve parejas abiertas, algunas funcionaron, otras no.

Hace unos pocos años pude reconciliarme con mis padres, después de nueve años de terapia —a veces pienso que me gustaría retomar el psicoanálisis, pero me arrepiento enseguida— y trato de respetarlos lo más que puedo.

Sobre el mandamiento “No fabricareis ídolos ni los adoraréis”, me gustaría leer el original y saber a qué se refiere.

A veces miento sobre mí o sobre otros, por suerte bastante poco, no me gusta mentir porque una mentira lleva a la otra, y termina siendo todo un gran trabajo, pero sobre todo porque mi madre era mitómana. Por suerte ahora está mejor. Eso sí, cuando miento tengo que hacerlo por teléfono o a la distancia, porque me pongo colorado y me descubren enseguida.

A veces me sentí culpable de haberle contagiado el VIH a Claudio, un amante que murió en el hospital Ferrer. Ahí lo atendió mi médico, el doctor Rizzo. Fui a verlo varias veces al hospital y cuando se lo comenté me dijo que no sabía de quién se había contagiado, que no importaba y que si había sido yo, no tenía por qué sentirme culpable. Igual le pedí que me perdonara.

Cuando era chico intenté en varias oportunidades robar golosinas en un kiosco que estaba en la cuadra del cine Constitución. Pude hacerlo una sola vez, antes de ir a ver Bambi. Unos años más tarde, robaba cuando pasaba viajes en taxis y colectivos demás con los viáticos de la compañía de seguros donde trabajaba como cadete. Tenía alrededor de veinte años cuando, después de haber tomado un ácido, terminé la noche en la casa de un hombre que se quedó dormido por la borrachera y que en la puerta del dormitorio tenía pegado un cartel publicitario anti-drogas que me enojó, entonces le robé dos o tres cassettes horribles —uno era de Frank Zappa— que nunca pude escuchar y también le saqué plata de la billetera. En París robé monedas de las secadoras en el lavadero automático donde trabajaba y del “bote” cuando trabajaba como camarero en un restaurant, en Madrid. Seguramente me olvido de algunos otros robos menores.

Por lo general no me gustan las mujeres y mucho menos me metería con la mujer de otro. Una vez, en un vernissage en el museo Boijman de Rotterdam, quise seducir a la mujer del director del museo, pero yo estaba borracho y además no sabía que se trataba de una mujer casada. Apenas me enteré de esto, traté de arreglar la situación confesándole que era gay y le pregunté si no tenía algún amigo para presentarme. Ella me presentó a un hermoso conocido suyo que se ofreció a llevarme de recorrida por los bares. Yo estaba tan borracho que no pude seguirlo.

Por lo general trato de no decir nada en vano, aunque a veces no puedo evitarlo.

No se qué es santificar las fiestas. Siempre que lo recuerdo, entrego mi vida a Dios, aunque no sepa qué o quién es.

También creo en las palabras de Mme. Bonnot —una sanadora que conocí en París y que me hizo varias veces imposición de manos. Ella me dijo que no tenía que sentirme culpable de nada, y trato de que así sea. Me dijo también que yo tenía el don de la escritura automática y que me invitarían a diferentes ciudades del mundo. Cuando me acuerdo de ella digo la oración que me enseñó, “Je veux être dans la lumière avec Claude Bonnot”.

Frases preferidas. Del Bushido (camino del guerrero): “Al enemigo no se lo nombra”, “El guerrero actúa como si ya estuviera muerto”. De la Biblia: “Que no se ponga el sol sobre vuestro enojo”, “Mirad las aves del cielo, que no siempre siembran, ni siegan, ni guardan en graneros, y vuestro Padre Celestial las alimenta. ¿No valéis vosotros mucho más que ellas?” La idea equivalente a la de este versículo bíblico, aparece también en el budismo: “Los seres humanos somos como las vacas. Solo estamos aquí para dormir, comer y cagar” (Sogyal Rimpoché, Libro tibetano de la vida y de la muerte). Me gustan también el "Sermón del monte" y el "Padrenuestro". Del hinduismo canto algunas mañanas: “Om / Asato Maa Sadgamaya/ Tamaso Maa Jyotir Gamaya / Mrityor Maa Amrtam Gamaya/ Om/ Shaantih Shaantih Shaantih (Oh, Señor, por favor, guíame de lo irreal a lo real, de la oscuridad a la luz, de la muerte a la vida) Es un mantra del Brihadaranyaka Upanishad que está en el disco Cantos de la India de Ravi Shankar. Me lo prestó mi amigo Raúl Escari y, confieso, me cuesta mucho devolvérselo —descubrí la versión tecno de este mantra al final de Matrix II. Del I Ching: “Si se te escapa un caballo, no corras tras él”. Del Aikido: “Si te caes siete veces levántate ocho”.

Confieso que estoy tomando vino y fumando una excelente marihuana mientras escribo estos papeles manuscritos. Estoy en trance.

Confieso que por ser escritor de poca obra (Daniel Link rechazó a una alumna su monografía sobre la obra completa de Pablo Pérez. “La obra completa de Pablo Pérez no existe”, le dijo) me propuse escribir para esta ocasión un texto nuevo. Estoy tratando de terminar de escribir tres cuentos y corrigiendo El mendigo chupapijas. Todo me cuesta muchísimo. ¿Por qué escribo? Es algo que podría tranquilamente no hacer, dedicarme a otro trabajo. Pero no se hacer ninguna otra cosa.
Creo que la literatura es un oficio para vanidosos. Lo peor es que sé que lo soy. Con estas palabras queda claro que lo soy. Preferiría no serlo. Tal vez muchos de los escritores que dejaron de escribir lo hayan hecho por no caer en la vanidad. Pero también pienso que así como nos gusta leer, a alguien debería gustarle escribir. ¿Por qué a mí?

Confieso que empecé a escribir porque era una opción económica. Cuando era chico quería tocar el piano, pero mis padres nunca pudieron pagarme las clases y mucho menos comprarme el instrumento.
A los dieciséis años pude pagar un Taller de Cuento en el IFT, en Boulogne sur Mer y Corrientes, con el dinero que ahorraba en colectivo porque iba caminando a la escuela. El taller lo daba Susana Silvestre —tuve una vez la oportunidad de tomar un café con ella y con su maestro Abelardo Castillo en La esquina de León Paley, pero yo apenas sabía quién era Abelardo Castillo y estaba tan emocionado que no recuerdo nada de la conversación. Al poco tiempo empecé a ir al taller que Susana Silvestre daba en su casa, todos los martes. Susana fue una gran maestra, muy generosa con sus alumnos, de ella aprendí el oficio de escribir y el de enseñar. (Lo referente a ella fue revisado y ampliado el 20 de marzo de 2008, unos días despues de su fallecimiento (q.e.p.d)) En tres años escribí unos pocos cuentos que perdí en un asalto a mano armada en la escalera mecánica de la estación de subte Independencia, línea E. El ladrón disparó contra un escalón y le di el bolso y una gorra de cuero que me había comprado haciendo juego. Seguro que pensó que estaba asaltando a un turista y se llevó un morral lleno de cuentos de principiante (¡por suerte se los llevó!).
Una vez, llevé al taller un cuento, el único que hoy conservo de aquella época porque lo escribí después del robo, sobre mi primer encuentro sexual fetichista sadomasoquista —todavía no sabía que iba a ser mi tema preferido— con un inglés que me había llevado a su negocio de artículos de deportes. La historia transcurría en el baño del local. El inglés me dio una camisa leñadora y me indicó que golpeara la puerta y entrara abruptamente, que ahí lo iba a encontrar pajeándose sentado en el borde de la bañadera. Yo tenía que gritarle “¡Puta! ¿Siempre te encuentro haciéndote la paja?”. Y pegarle piñas y cachetazos. De pronto empezó a sangrarle la nariz… Recibí de mis compañeros unas críticas durísimas que comparaban la historia de mi cuento con las torturas de la última dictadura militar. Ya estábamos en el año 83. De todas maneras ya sentía que después de tres años ya había aprendido todo lo que podía aprender en aquel taller. A los dieciocho años me sentía un incomprendido. Dejé de escribir cuentos y empecé a escribir poemas.
Por entonces conocí a Arturo Carrera en Soviet, una disco que quedaba en Viamonte y Suipacha. Me lo presentaron mi amigo Nicolás Gelormini y Pablo Dreizik. “Arturo es uno de los mejores poetas de la Argentina”, me dijeron. Me acerque a él, que lo primero que hizo fue elogiarme la vestimenta. Creo que es por eso que hoy recuerdo exactamente cómo estaba vestido esa noche, con una remera ballenera blanca, bombachas de gaucho color beige y borseguíes negros. Esa noche nos hicimos amigos y más adelante me enseñaría mucho y me ayudaría a escribir un libro —que ahora me parece malísimo— Yo era un feto, peor que los “poemas malos” de Daniel Link, que leyó me llamaba “feto” cada vez que nos encontrábamos hasta que publiqué “Un año sin amor”. Fue Severo Sarduy el que me había alentado a que terminara una plaquette con esos poemas malos que, según él, eran como las “vanidades del siglo XVII”. Confieso que traté de averiguar qué son dichas “vanidades” y sigo sin saberlo. Ahora pienso que tal vez hayan sido un invento de Severo Sarduy. Dicho sea de paso, confieso que la noche que lo conocí, en su departamento de Montparnasse, me pidió que lo cagara en el pecho y lo intenté, pero no pude. Después tuve un sueño erótico con él.

Confieso que para escribir esto estoy usando el método de “ los dos minutos” y el de la “mano que no para”, para ver si puedo escribir con el hemisferio derecho (después agregué y corregí).

Confieso que cada vez que no me decido a escribir, es porque me asalta un dilema moral.

Confieso que me da terror la idea de llegar a publicar un mal libro. Sobre todo cuando no es necesario.

Confieso que ahora estoy tratando de escribir con letra caligráfica, jugando a perder la personalidad y a hacer una caligrafía “standart”, porque pienso que concentrándome en la caligrafía podría olvidarme de mí y escribir automáticamente, como me vaticino Mme. Bonnot que lo haría.

Confieso que a veces siento que es otro, un espíritu, el que escribe a través de mí y no yo, algo, por cierto, difícil de comprobar. Por si acaso, mientras escribo esto —a mano porque no funciona la impresora que por algún capricho no se deja encender—, tengo llenas dos copas de vino con las que brindo, tomo un poco de una y otra copa y trago todo junto, en honor a mi supuesto acompañante.

Confieso que tengo pensamientos precarios, por ejemplo, que a veces pienso por qué los que quieren guerra no se agarran y se matan entre ellos de una vez, o que odio a los hipócritas millonarios que no se dan cuenta de que hasta que no repartan un poco más equitativamente la riqueza vamos a vivir todos en un infierno. Que envidio a los que mueren sin sufrimiento y pienso también que si el más allá existe, entonces no nos morimos y que si no existe, no nos damos cuenta de que ya estamos muertos. En definitiva, que los que sufrimos somos los que seguimos viviendo de no ser que exista el infierno, aunque creo que ya estamos en el infierno y que va a ser todo cada vez peor por mucho tiempo más. Ya perdí las esperanzas de ver florecer una nueva Edad de Oro. Creo que si alguien me diera la opción entre vivir y morir elegiría morir.

Algunas confesiones menores son que a veces hablo solo en voz alta por la calle y que cuando nadie me ve me gusta meterme los dedos en la nariz y disfruto tirando de los mocos largos consistencia blanda y gomosa.

Confieso que mi canal preferido es Canal 7.

Confieso, también, que algunos personajes retrógrados me irritan. O. Q., por ejemplo, cuando criticó la muestra fotográfica y literaria de Sebastián Freire y Daniel Link, Diario de reciencasado, argumentando “baja calidad” cuando en realidad lo que no soporta es la temática gay. Confieso durante un tiempo pensé que Q. era gay y me calentaba, hasta que un día, en uno de sus programas, enfatizó que era casado y menciono a sus hijas. Me sentí decepcionado, pero no tanto como ahora, después de sus ridículos argumentos contra Link y Freire; creo que todavía está a tiempo de recuperarse de esa idea tan cerrada que tiene de la cultura en “su refugio”.

Confieso que me pareció ridículo que la Real Academia Española introdujera la palabra “yin” como alternativa a “jean” en el diccionario.

Confieso que leí y disfrute las columnas de Murena en Sur y que a veces trato de imitarlo. Empece un weblog con esa intención, Ego puto in orto meo, pero me da pereza escribirlo y lo tengo abandonado.

Confieso que tengo una teoría tonta. Que María Moreno eligió su seudónimo con las iniciales M. M. porque a veces se siente como Marilyn Monroe. Se me ocurrió cuando la vi en una foto en Página 12, recostada como una diva, con unos sugerentes zapatos rojos y medias de red. Nunca me acordé de preguntárselo para confirmarlo. Tal vez piense en esto ahora porque me acordé de una amiga de mi mamá, que para su carrera de actriz se puso Mercedes Montes, para también tener las iniciales de Marilyn; o tal vez porque más arriba menciono a Murena.

Confieso que me gusta decir guasadas solo por desprecio a la “cultura” (como la entiende, por ejemplo, O. Q.) y que si no las dijera ahora, que justamente se trata de hacer confesiones, me sentiría un cobarde. Como si después de haber tirado una piedra, estuviera escondiendo la mano.

Confieso que me gusta lamer cuero y botas, la lluvia blanca, la lluvia dorada (me va casi todo menos la mierda, los vómitos y la sangre). Me gusta que me aten y que me den latigazos en la espalda y el culo y golpes de puño en el estómago. También me gusta el juego con cigarros y el control de respiración, entre otras prácticas del sadomasoquismo leather. Pero sobre todo, confieso que lo que más me gusta es la pija y que por mi culo ya pasaron kilómetros.

Confieso que soy yo el esclavo enmascarado que aparece en el cepo con chaps de cuero y botas de montar, recibiendo los fustazos del Amo Man in Boots, en una emisión de Ser Urbano de noviembre de 2004 sobre sexo leather y sadomasoquismo —de paso confieso que me pareció una truchada el montaje de Gastón Paul, que no estaba ahí cuando hicimos la escena, observándonos con cara de asombro.

Confieso que hay algunos pasajes de mi novela Un año sin amor que no son verdad (cuando se supone que se trata de una novela autobiográfica), por ejemplo cuando cuento que en un bar leather de París, alguien me quema la ingle con la brasa de un cigarrillo.
Confieso que alguna vez fumé colillas de cigarrillos que encontraba tiradas en la calle, pero que nunca podré —al menos eso creo— ser tan asqueroso como Divine al final de Pink Flamingos, cuando come caca de perro verdadera, humeante, recién cagada por un caniche blanco.

Confieso que a veces juego con Clemente, lo hago bailar y hasta converso con él. Clemente es un muñequito con llavero. La cabeza, de monito, es una pelotita de telgopor recubierta de peluche marrón claro con la cara y el hocico de pañolenci rosado. Los ojos son dos mostacillas negras, la nariz, un puntito de tela rojo, y la boca una costura negra. El cuerpo es un resorte enfundado también en peluche, al igual que los dos pies. Sabe bailar y tiene la mirada contemplativa y dulce. Confieso que Clemente es mi hijo. Se lo compré a un puestero del Once porque apenas lo vi me pareció que era igual a Rodrigo, un viejo amante, y se me ocurrió regalárselo. Rodrigo se la pasaba durmiendo, y cuando yo me aburría y quería que se despertara, me acercaba a la cama y tomando a Clemente por la cadenita del llavero, lo hacía bailar sobre él. Fue idea de él ponerle el nombre de Clemente, porque no tiene manos, como el personaje de Caloi, y fue también idea de él decir que Clemente era nuestro hijo. Como vivíamos cada uno en su casa, Clemente se iba a veces con él y a veces se quedaba conmigo. En realidad debo confesar no sólo que Clemente es mi hijo, sino que además, a mí me tocó ser la madre. Rodrigo no se lo llevó cuando dejamos de vernos. Así que ahora, mientras escribo, Clemente está en mi escritorio, sentado sobre un cascote que uso como pisapapeles, observándome. Está aburrido. Pongo Metrodance, lo agarro del llavero y lo hago bailar.

Cito otro precepto cristiano que acabo de escuchar decir al Padre Farinello y que encuentro muy oportuno como palabras finales: “La misma vara que utilices para medir a tu Hermano, Dios la usará para medirte a ti”.

Confieso que hoy, 7 de octubre —cuando estoy tratando de darle fin a esto—, es el aniversario de la muerte de mi hermana Paula. Y que estoy llorando de desconsuelo y felicidad al mismo tiempo. De desconsuelo porque murió y de felicidad porque me está acompañando. Por eso otra vez brindo con dos copas y le dedico estas confesiones a ella.

Se impone una más. Cuando inicié la impresión de estas confesiones, empezaron a aparecer signos extraños. En la primera hoja, sobre el margen superior izquierdo se lee “DHP”, lo que interpreté como “hijo de puta”. Más adelante, después de páginas y páginas de números y letras sin sentido aparente, picas, tréboles, signos pesos, corazones y otros signos, se lee en otra hoja “PD”, lo que interpreté como la forma abreviada de escribir “puto” en francés. Confieso que creí que se trataba de algún espíritu que trataba de comunicarse a través de la impresora, con alguna dificultad que le impedía escribir un texto legible, y por eso decidí no interrumpir la impresión pensando que tal vez llegaría a articular algo con sentido, o que más adelante podría decodificar. Se imprimieron muchas hojas, cada una con un breve y extraño mensaje. Hasta que las hojas se me acabaron…
Más tarde me di cuenta de que la impresora estaba mal programada, entonces traté de relativizar todo y calmarme, pero aún sigo pensando que tal vez se trate de un mensaje del más allá.

lunes, marzo 14, 2005

Drogas

Debido a la escasez de marihuana, los porteños se están inclinando hacia un mayor consumo de cocaína. Fuentes periodísticas confirman que en Buenos Aires hay varados alrededor de cinco mil kilos de “blanca”, a causa del escándalo de las valijas SW. Cuando le comenté a mi amigo R E que estaba muy contento por poder ir a la fiesta de cumpleaños de R, intentó de persuadirme de que no me tentara de tomar “ninguna raya”. “¡Con qué autoridad me decís eso!”, le contesté. Entonces le expliqué la teoría de que mis pólipos nasales desaparecieron gracias a la cocaína. ¡¿Acaso la cocaína no destruye las mucosas?! Hasta que nadie me pruebe lo contrario, considero esto un hallazgo médico, solamente por el hecho de la comprobación empírica, in corpore. Me daré por vencido cuando aparezca alguien que pueda comprobarme que toma cocaína con cierta regularidad y que no obstante tiene pólipos nasales. Existe otra tesis posible y es que la curación a esta afección ORL que padecí (puedo comprobar que ya no) se deba en realidad a el tratamiento homeopático con el que sigo desde hace ocho años, o al tratamiento con corticoides que sigo también desde el año ‘96.
No soy un consumidor habitual de cocaína (podría pasar una rinoscopía, sin que aparezcan rastros), pero de vez en cuando me gusta tomar en las fiestas, cuando hay, una o dos rayas para poder tomar alcohol y fumar marihuana, sin sentir cansancio. A veces puedo seguir de largo y tomar lo que me queda de un “papel” (alrededor de 1gr) durante el día siguiente, y me gusta ese estado melancólico, triste y despabilado, quedar frágil a la emoción del “bajón”, sin haber dormido en toda la noche. Durante el día puedo ver películas, tomar cerveza, o ir a caminar por algún parque. Tengo la suerte de que las drogas no me generen adicción. Probé variadas drogas y la que consumo habitualmente es la marihuana, a mi entender injustamente penalizada. La peor droga de todas, y la adicción más difícil de superar es el tabaco. Esto lo aprendí del genial William Burroughs, que pasó victorioso por todo tipo de experiencias con las drogas e incluso superó la adicción a la heroína y, no obstante, en su vejez tenía un porte envidiable, como puede comprobarse en la foto de Martine Barrat, en la que podemos verlo en un balcón de París, junto al joven Raúl Escari, armando un joint.



Raúl Escari y W. Burroughs armando un joint. Copyright by Martine Barrat

A full

R E tenía razón: sucumbí a la tentación más de una vez. La fiesta de R estuvo fantástica. La música excelente. No faltó nada. No pude haber tenido mejor idea para pasar agradablemente el “bajon de merca”, que a la salida de la fiesta, alrededor de las siete de la mañana, ir al sauna A full y quedarme ahí todo el domingo. Un lugar fuera de serie donde se puede descansar, tomar baños de vapor, hidromasajes, ver lindos chicos ataviados con un paño mínimo atado a la cintura, tener algún encuentro sexual y/o encontrar novio, amante o masajista. Cabinas privadas con camilla, gimnasio, un buen servicio de bar, limpieza y, sobre todo, muy buen trato de los empleados.

jueves, marzo 10, 2005

Carlos Strione

Una grata sorpresa: acabo de recibir un e mail de Carlos Strione que transcribo a continuación:

"Gracias por tu comentario sobre mi tarea profesional en Hora Clave. Pequeña corrección: No soy tan careta, no estaba engominado y bailo muy bien.
Saludos.
PD: Me hubiera gustado dejar este comentario en el foro..."

Me gusta creer que sea Carlos Strione de verdad, aunque no descarto la posibilidad de que haya sido algún gracioso que, con la intención de crearme falsas ilusiones, hubiera creado una falsa dirección de e-mail y para enviarme el mensaje.

Como sea, le pido disculpas públicamente a Carlos por haber dicho de él que era careta, que estaba engominado y que probablemente no supiera bailar. También le pedí una foto autografiada que ojalá se digne a enviarme, sobre todo para mostrarle a los lectores de Ego puto... lo lindo que es.

lunes, marzo 07, 2005

Contramano

Sábado por la noche. Desde la tragedia de Cromañon cerraron todas las discotecas. Me siento encerrado en mi casa sin saber adónde ir. Además escasea la marihuana, y corren rumores de que el precio se cuadruplicará: nadie tiene qué fumar. La situación es desesperante. Nunca soporté estar más de media hora en pubs como Sitges o Bach bar, me resultan insufribles. Tampoco tengo ganas de ir a un lugar donde buscar sexo express.
Mi lugar favorito es Contramano y, en medio de la desesperación, se me ocurre llamar por teléfono al dueño, José, para averiguar si finalmente pudo reabrir el lugar o no. Y ahí me entero de la triste noticia: Contramano cerró definitivamente. José me contó que todos los papeles estaban en regla, hasta que llegó una nueva medida para las discotecas, según la cual el lugar debería tener un tanque de agua de como mínimo 10.000 litros. La estructura del local no soportaría semejante peso.
Contramano, desde hace 21 años, es uno de los lugares emblemáticos de la noche gay porteña. Cabe recordar que Buenos Aires, antes de la tragedia de Cromañon (a. de.C), era la meca gay de latinoamérica por la cantidad y variedad de discos, bares y lugares de acción de los cuales muchos ahora están desapareciendo y que deberán desaparecer en las próximas ediciones de la célebre guía gay Spartacus.
Contramano era mi discoteca favorita porque funcionaba como club, una disco en donde además de bailar, podía tomar un trago a gusto y encontrarme tal vez con algún conocido. Solía ir los domingos ver el shows transformista de la Barros, junto a Eduardo Solá, entre otras divas que desde ahora deberán encontrar nuevos circuitos. El cierre no los perjudica solamente a ellos, sino también a los diez empleados que quedaron sin trabajo tras el cierre definitivo del lugar. “Me quedé con 4 empleados, porque no descarto poder volver a abrir Contramano como pub--me comenta Jose. También tenemos la opción de reabrir en otro local, pero como todavía no sabemos cuáles son los requisitos definitivos para poder abrir una discoteca, no podemos elegir: si llegamos a conseguir un lugar que por tal o cual medida después no pueda ser habilitado… La verdad es que me sentí durante todo este tiempo muy manoseado, todas las idas y venidas de inspectores y cambios de último momento para obtener la habilitación fueron un proceso kafkiano”.
Le expresé a José mi tristeza y le pregunté adónde saldría él una noche como hoy, sin Contramano ni otra disco gay, cuando las opciones son tan pocas. “Qué se yo…A un cine porno, no sé… Te digo la verdad, unos amigos vienen en un rato a buscarme para que vayamos a ver una película al cine. Esta es mi primera noche desde que cerramos Contramano. A veces me gusta la idea de comenzar todo de cero y me pongo eufórico. También me ponen eufórico los mensajes que me deja la gente en la página web. Pero también me deprimo y siento mucho dolor ¡Fueron 21 años!

Muchos años. Recuerdo que cuando comenzaba el gobierno de Alfonsín, Contramano (en Rodríguez Peña y Santa Fe) fue una de las primeras discos en abrir, junto a la memorable Old Bricks (en Las Heras y Pueyrredón). Para los más jóvenes –yo tenía 18 años-- era la discoteca de “las bigotudas” y yo nunca me imaginaba que a mis 38, ahora que tengo barba y bigotes, ese iba a ser mi lugar y que tendría que reírme de las ocurrencias de los mas jóvenes que lo definieron en no recuerdo cuál revista, como “Asociación Madres y Abuelas de la Av. Santa Fe”. También me siento perdido, no tanto como José, pero muy perdido. Todavía no encontré un lugar al que poder ir a tomar una copa por las noches.

Mientras pienso en las posibilidades se me ocurre llamar por teléfono a Daniel Link, para ver si sabe de algún lugar interesante. “Estamos viendo la Fiesta de la Vendimia", me dice y cuando terminamos de hablar, decido encender el televisor y poner canal 7. Fue un gran consejo, independientemente de la opinión de D L, porque inevitablemente, cada vez que veo bailar danzas folklóricas lloro de emoción, sea chamamé, zamba, cueca o pericón. Aproveché a llorar por todo, por Contramano, por la triste noche porteña, por la escasez de marihuana y por sentirme solo. Más tranquilo, después de desagotar todo el llanto acumulado decido a ir a conocer el nuevo pub 90º. Las otras opciónes para ir de levante son los cines porno o los backrooms, el sauna, pero no quiero sexo express, solamente ¡quiero tomar un gin tonic, por ahí! Los pubs, todos horribles, nunca soporté estar mas de media hora en lugares como Sitges, Bach Bar.

90º

Desde la entrada me siento decepcionado. Una entrada única para el nuevo pub y el viejo Tom’s (donde se realizaban, a. de C. (antes de Cromañon) los felices encuentros del famoso Fierro Leather, al que pertenezco y que sigue hasta hoy a la deriva d. de C.). El bar resulta ser un pobre apéndice de Tom’s. Cuadrado, frío, sin ventilación, lleno de humo y olor a cigarrillo. Pedir un ticket para tomar algo requiere de mucha paciencia, hay que hacer una fila de diez o quince personas. La sensación, asfixiante; por lo cual uno termina en el aledaño Tom’s, que si bien desde sus comienzos se caracterizó por su higiene, ahora está muy sucio, con acabadas en el piso de los laberintos y en las cabinas privadas, bollitos de papel higienico y pañuelos de papel usados para la precaria limpieza post eyaculación. Un calor asfixiante que nos hace transpirar y nos convierte en diferentes especies de monstruo del pantano.

Hora Clave 2005

Hora Clave 2005

Domingo a la noche. Tampoco sé que hacer. Enciendo el televisor y veo "Hora Clave". Me gusta oír hablar a la intrépida Lilita Carrió sobre la salida del default y el caso SW. Lo que cada vez me gusta menos es que parezca tan amiga de Grondona y que nunca choquen sus opiniones. La verdad es que no entiendo. También es de temer que uno de los invitados haya sido el globalizado pastor evangelista Luis Palau. El programa está teniendo un transfondo religioso que no se entiende bien hacia dónde va. Aparentemente, se nos está pidiendo "fe" en que Cristo nos salvará de todos los problemas del país y si bien tengo mi corazoncito cristiano, creo que la asociación entre estos dos personajes es de temer. En todo caso, Grondona ya supo quedar como un dinosaurio en uno de sus últimos programas del año pasado en el cual se habló del nuevo proyecto de educación sexual en las escuelas, cuando se lanzó hasta contra la masturbación.
Lo único lindo en el programa es el productor Carlos Strione, que presentó su informe sobre la ciudad peruana de Tacna y el tráfico de drogas. Tan careta, trajeado y engominado, con esos labios carnosos, ojos y pelo negro... Tan serio y tan tímido a la vez, una preciosura. Creo que podría llenar todos los requisitos que según Kiwi debe tener el hombre ideal. Hasta se nota que no sabe bailar.

Buenos Aires Leather Club en el Hall

Por suerte hay una luz en el camino (no se si corresponde hablar de luz al referirse a este tipo de antro). Para sus reuniones de los lunes, el BALC, --el otro grupo leather del cual este servidor
(o esclavo, para ser más preciso) tiene también el honor de ser miembro y de haber recibido varias distinciones como el reciente Teddy Award de peluche-- pudo encontrar un lugar alternativo al clásico cine ABC que está siendo refaccionado d. de C. Se trata del conocidísimo cine Hall, ex cine Arte, donde hace muchos años pude ver por primera vez
El matrimonio de María Brown, entre otras películas de Fassbinder. El amplio hall donde funciona el bar es de una belleza arquitectónica y tiene una lujosa vitrina de bebidas al cuidado la dueña del lugar, además de una nutrida rockola con CDs para todos los gustos, desde Julio Iglesias a George Michel. Los encuentros en el bar son agradabilísimos y la acción leather no falta en las oscuras salas de proyecciones.

lunes, febrero 28, 2005

27 de febrero

Acerca de este blog
Si hay algo que me impedía comenzar la escritura de esta columna, “Ego puto in horto meo” (Yo pienso en mi jardín), era el temor a hacer el ridículo, a decir algo inoportuno, ofensivo, una obviedad o una estupidez. Como lo escribió una vez Murena (uno de los inspiradores de este weblog) en el diario que publicaba en la revista Sur: “Quien dice la verdad cava su tumba”.Estas palabras son ante todo un intento de columna de actualidad. Es lo que me gustaría escribir si escribiera en un diario o en una revista. Este intento es para saber si podré llevar adelante un proyecto como éste, escribir una columna por semana pase lo que pase.

Cromagnon
Daniel Link insiste en que hay que juzgar y destituir a Ibarra y además nos desafía los intelectuales a emitir opinión, lo cual le agradezco, porque es un incentivo más para escribir esta columna de opinión. Yo, en concordancia con R E he decidido que soy doblemente oficialista, de Ibarra y de Kirchner. Ya pasamos por la experiencia del “que se vayan todos” y de que todos siguieran quedándose. Por eso prefiero un gobierno bajo el cual se pueda vivir una sexualidad libre, un reconocimiento de la pareja gay y leyes antidiscriminatorias. También creo, como Link, que Ibarra es el mayor responsable político, pero que también lo son todos los integrantes del gobierno porteño. A mi entender hay una cadena de responsabilidades que va desde el que tiró la bengala hasta el Gobierno de la Ciudad. Lo que me gustaría saber es quiénes serían los candidatos a Gobernador si se fuera Ibarra. Yo prefiero a Ibarra asumiendo todas las responsabilidades y atendiendo a los problemas que plantee la ciudadanía lo mejor que pueda.

Mariana Enriquez, Cómo desaparecer completamente
Hoy terminé de leer Cómo desaparecer completamente, de Mariana Enriquez, una novela atrapante. Lo que leemos son los vaivenes del embrollo mental de Matías, que fue violado por “Papá” y siente deseos de matar a “Mamá”. Uno de los logros de la novela es que el lector puede ver desde el principio la salida que Matías tiene tan cerca pero no puede ver. La clave parece tenerla Marcela, la única amiga que le quedó a Matías de la escuela secundaria y que le explica que “el satanismo no tenía nada que ver con el mal ni con matar bebés, sino con ser rebelde y uno mismo”.

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Estoy viendo a Pappo Napolitano, vestido de cuero, cantando Ruta 66 (canal 7, Badía en concierto). QUEPD. Unos se van, otros llegan. Valeria Mazza expresó sus condolencias a familiares y amigos, por la muerte del emblemático rockero, en la ocasión de presentar a su tercer hijo varón, Benicio Gravier. El nombre de Benicio, además de los de Balthazar y Tiziano, los otros dos hijos de Mazza y Gravier, figurarán seguramente en el top ten de los nombres de los varoncitos de la próxima temporada. La feliz pareja va a por la nena. Como la envidiaría si se enterara la princesa japonesa Masako, que está deprimida, según dicen, porque tuvo una nena en una estructura monárquica que solo admite que los varones hereden la corona. (Clarín, 27/02/05). La princesa Masako (41) --admitió la casa imperial--, “sufría un “trastorno emocional” que la llevaba a no diferenciar su vida privada de la pública”. Ego puto (yo me pregunto): ¿No sufriremos todos este tipo de “trastorno emocional”? ¿Por qué la vida privada de toda esta gente nos importa tanto que por ella nos apenamos o alegramos casi como si fuera la nuestra?